El Monasterio de San Salvador de Leyre


El Monasterio de San Salvador de Leyre es uno de los conjuntos monásticos más importantes de España por su relevancia histórica y también arquitectónica.

Entre los diferentes edificios que componen el conjunto existen ejemplares del románico muy destacados por pertenecer a un periodo muy temprano del mismo y por su excelente estado de conservación. El monasterio se ubica en el nordeste de la Comunidad Foral de Navarra, cerca del límite con Aragón.





Sus orígenes se remontan a la baja Edad Media, pero fue incendiado por los musulmanes en el siglo X y el rey Sancho García encargó su reconstrucción en 1020. Sus sólidos muros son testigos de mil y una historias como la de dos hermanas cristianas que fueron decapitadas por no abrazar el credo musulmán, y cuyos restos se guardan en una arqueta de marfil que se exhibe en el Museo de Navarra. O la leyenda de San Virila, el abad que quedó extasiado durante 300 años al oír cantar un pajarillo cerca del monasterio, lugar del que mana la fuente de San Virila.

Leyre no consiguió escapar a la Desamortización de Mendizábal y estuvo deshabitado entre 1836 y 1954, cuando se establecieron los monjes benedictinos de Santo Domingo de Silos.


Quedan restos de un primitivo templo, de los siglos IX-X, cuyos cimientos han aparecido bajo el pavimento de la nave gótica actual. Estaba constituido por un ábside y nave únicos con sacristía y estancias laterales anexas; posteriormente se le añadieron ábsides laterales y porche con su tribuna a los pies. Este edificio fue destruido en las campañas musulmanas de finales del siglo X, iniciándose enseguida su reconstrucción y ampliación. Durante la primera mitad del siglo XI los monarcas de Pamplona realizaron donaciones cuantiosas que permitieron importantes obras en el monasterio.



Del 27 de octubre de 1057 data la primera consagración de la iglesia, correspondiendo a esta fase de obras la cripta y actual cabecera, así como la airosa torre. Dado lo temprano de la fecha, lo que parecía tosquedad e impericia se convirtió en originalidad y fuerza, con un estilo que refleja la situación de guerra que atravesaba la población. En el exterior se yerguen los ábsides que responden a una perfecta unidad de obra, resaltando su sobriedad y elegancia. Los tres son de igual altura y están totalmente desprovistos de adornos. Su cronología es anterior a los ábsides románicos de León, Jaca y Frómista. La torre tiene forma de prisma cuadrangular y presenta los cuatro frentes abiertos por galerías de arquillos. 





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