El tesoro de la Aliseda


En la Península Ibérica, la Protohistoria abarca las culturas que se desarrollan entre los inicios de la Edad del Hierro y el proceso de Romanización, es decir, el Primer Milenio a.C. Buena parte de los objetos de esta colección proceden de excavaciones arqueológicas y hallazgos llevados a cabo en la Península y sus islas desde el siglo XIX e incluso antes. Destacan las realizadas en Ibiza, Villaricos, Toya, Galera, Archena, Aguilar de Anguita o Numancia. 


De importante valor son los conjuntos de orfebrería, con ejemplares fenicios, tartésicos, ibéricos, céltibericos, vacceos y castreños y, entre ellos, sobresalen tesoros como los de Aliseda, Jávea, Salvacañete, Palencia, Cangas de Onís o Vegadeo. El conjunto de escultura ibérica es excepcional por su calidad y cantidad, realizada, en piedra, (Damas de Elche, Baza y Cerro de los Santos, relieves de Osuna), y en bronce (exvotos ibéricos de Despeñaperros).


En 1920 se encontró en La Aliseda (Cáceres) un tesoro tartésico de enorme relevancia histórica. El hallazgo de El Tesoro de Aliseda en 1920 desveló que el origen de la localidad pertenece a un período anterior a Cristo, ya que encontramos vestigios de la Edad del Bronce Final en la cima de la Sierra del Aljibe, que datan de la época del tesoro, cuyo lugar de aparición debió constituir una sepultura, semejante a otras del área andaluza, enclavada en un pequeño cerro hoy alterado por la ampliación del pueblo.


También se encontró un exvoto en bronce fundido representando una cabra, animal consagrado a la diosa indígena Ataecina. Está datado entre los siglos V y IV a. C.

El tesoro de Aliseda está constituido por numerosas piezas: objetos de oro, entre los que cabe destacar una diadema completa y parte de otra, brazaletes, un torque, un cinturón formado por diversas placas, dos arracadas o pendientes, piezas de collar, un cuenco, sellos giratorios, sortijas y anillos, además de otros elementos menores.


Entre las piezas de plata destacan: un braserillo y restos de recipientes; de bronce: un espejo; de piedra: un posible afilador, de vidrio: una vasija completa, y fragmentos cerámicos. La complejidad decorativa de los ejemplares de oro, las técnicas de filigrana y repujado, la existencia de detalles ornamentales figurados, convierten a este tesoro en el máximo exponente de la orfebrería oriental importada en el Mediterráneo occidental. La fecha de fabricación habría de fijarla hacia el 625 a. C. Se trata de uno de los conjuntos arqueológicos más representativos del período orientalizante peninsular y de la cultura tartésica, que actualmente se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.


Dicho hallazgo se asemeja al encontrado en El Carambolo, Sevilla, donde también han aparecido joyas de altísima calidad artística. Otros yacimientos de puro carácter tartésico, se considera a los de San Pedro en Huelva, el Gandúl y Carmona en Sevilla, la Colina de los Quemados en Córdoba, Medellín en Badajoz, etc... Todos ellos situados en una franja geográfica de gran influencia fenicia.



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