Catequilla


El Cerro Catequilla tiene 3,630 m de altura. Sobre su cima atraviesa exactamente la línea equinoccial, siendo su posición 0 º 0´ 0´´ y en ella podemos apreciar una estructura arqueológica ceremonial aborigen, de forma circular que comprende una pared de 70 m de diámetro y una altura de 1,5 m en su parte extrema. Está hecha de piedra y mortero (materiales del mismo sitio). Ofrece una cobertura visual de 360 º por lo que desde allí se podía visualizar unos 20 pueblos antiguos y los sitios arqueológicos asentados en la región.

En 1997 se descubrieron las ruinas, en apariencia insignificantes, de un muro semicircular en lo alto del monte Catequilla, situado un poco al norte de Quito. Usando la tecnología satelital del sistema de posicionamiento global (GPS), el investigador Cristóbal Cobo descubrió que uno de los extremos de dicho muro se ubicaba precisamente sobre el ecuador.

Hubiera sido fácil atribuir el alineamiento del muro con el verdadero ecuador a una mera coincidencia y no darle mayor importancia. No obstante, si se traza una línea que conecte los dos extremos del muro, se crea un ángulo de 23,5° con el ecuador. Y ese es casi con exactitud el ángulo de inclinación del eje de la Tierra. Además, un extremo de esa línea señala por dónde sale el Sol durante el solsticio de diciembre, y el otro, por dónde se pone durante el solsticio de junio. Pero hubo más descubrimientos.

Colocando un teodolito en la cima del Catequilla, los investigadores observaron que las pirámides preincaicas de Cochasquí se hallaban alineadas en un ángulo que coincidía con la salida del Sol en el solsticio de junio. Es significativo el hecho de que Pambamarca, otro yacimiento arqueológico, se encuentre en un ángulo que coincide con la salida del Sol en el solsticio de diciembre.


¿Es posible que Catequilla haya sido un centro de observaciones astronómicas? ¿Se levantaron otras construcciones siguiendo específicamente los cálculos astronómicos obtenidos en este lugar?

A medida que se marcaban sobre un mapa más alineamientos astronómicos, comenzó a perfilarse la figura de una estrella de ocho puntas. Dicha figura se ha encontrado en objetos antiguos de cerámica y se pensaba que era una simple representación solar, dado que los primeros pobladores de esta tierra adoraban al Sol. Al analizar los fragmentos de cerámica descubiertos en Catequilla, se determinó que datan de hace casi mil años. Hasta nuestros días, las poblaciones indígenas tejen estrellas de ocho puntas en sus tapices y prendas de vestir, tal como aparentemente hicieron sus antepasados. No obstante, es probable que dichos antepasados le atribuyeran a esta figura más de lo que generalmente se ha creído.


El proyecto Quitsa-To, dirigido por Cobo, está acumulando pruebas convincentes del abundante conocimiento astronómico de aquellos nativos. Se ha descubierto que si en un mapa, tomando a Catequilla como centro, se superpone la figura astronómica de la estrella encima de la línea ecuatorial, muchas ciudades antiguas y más de una docena de sitios arqueológicos quedan perfectamente alineados con dicha figura.

Más sorprendente incluso resulta el hecho de que se pudo determinar la ubicación de ruinas que aún no se habían descubierto. ¿Cómo se logró? En septiembre de 1999, los responsables del proyecto Quitsa-To recomendaron que se hicieran excavaciones en el sector Altamira (Quito), situado en una de las líneas de 23,5° que salen de Catequilla. Allí se encontró un gran enterramiento junto con numerosos objetos de cerámica de los períodos colonial, incaico y preincaico.


El misterio de los discos líticos ...

En el sector noroeste del sitio, se halla un disco lítico o plataforma circular de piedra de 8 metros de diámetro principalmente compuesto de piedras de cantería. Presenta tres líneas de piedras, dos ubicadas diametralmente y una radialmente. En las zonas aledañas, también existen otros discos que datan de épocas prehispánicas. Varios han sido encontrados gracias a la colaboración de pobladores y se considera la probabilidad que haya más discos enterrados. Actualmente, han sido contados trece discos en total. Si bien muchos de los pobladores nativos actuales creen que el fin de estos discos era servir de superficie plana y sólida para la trilla del trigo y otros cereales, se han detectado 27 alineamientos astronómicos y geodésicos que cuestionan fuertemente dicha teoría.


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