Chojolom


Chojolom es un pequeño sitio arqueológico de la civilización maya ubicado en el altiplano del occidente de Guatemala. El sitio se caracteriza por una cantidad de piedras esculpidas que se supone pertenecen a la cultura maya k'iche' del Período Posclásico mesoamericano. Chojolom se encuentra en un cerro en el municipio de Cantel, en el departamento de Quetzaltenango y se cree que fue un sitio ceremonial de los mayas.


Hasta la fecha se han encontrado tres cabezas de piedra en el sitio; una es de un armadillo que mide aproximadamente 15 por 20 cm, otra es una cabeza humana (50 centímetros de ancho y largo) y la tercera representa una deidad maya, tiene más de 1.10 de largo y 1.40 de ancho. Se descubrieron las cabezas cuando fue limpiado el lodo después de un período de lluvia intensa durante 2010. Una de las cabezas de piedra fue encontrada en una cueva en el sitio. También fueron encontrados una osamenta y varias piezas de cerámica, las cuales tal vez componían una ofrenda.


Además de las cabezas de piedra, también se halló una cabeza de barro. Tras un deslave menor en el mes de octubre de 2010 fue descubierto un altar de piedra debajo de la raíz de un árbol.

Curiosidades ...

El armadillo es un pequeño mamífero designado científicamente dentro del orden de los Dasiódidos, perteneciente a la familia de los Dasypodidae. Sus características lo hacen un animal único: es un animal considerado como primitivo, es inofensivo, cuenta con una coraza que le sirve de protección y defensa en contra de sus depredadores, es un animal casi desdentado pues su dentadura está formada sólo de simples molares carentes de esmalte en forma de clavija.

Este pequeño habitante de tierras del Mayab, conocido en lengua maya por los pobladores de como “El Huech”, desde tiempos ancestrales ha ocupado un lugar privilegiado y ha logrado sobrevivir a pesar de la constante amenaza representada por los cambios climáticos, las deforestaciones, las quemas de los montes y, sobre todo, la amenaza constante del propio hombre.


En la vida de las comunidades mayas ancestrales, y hasta nuestros días, el “Huech” ha jugado un papel muy importante. Las fuentes históricas nos revelan que su figura ha quedado representada en fachadas de edificios, bajorrelieves arquitectónicos y en la alfarería maya. 

Quizá haya sido venerado como un animal o ser sagrado, mágico o religioso; tal vez por sus habilidades, cualidades y propiedades únicas; o acaso por la dureza de su escudo protector para defenderse de sus depredadores; o pudiera ser por su habilidad para excavar; o por sus propiedades medicinales y curativas; o por la riqueza y suavidad de su carne comestible que desde tiempos ancestrales ha formado parte de la dieta del pueblo maya.

En el mundo maya prehispánico, el armadillo ha sido registrado y clasificado por los estudiosos de la arqueología como la especie “armadillo de nueve bandas” (dasypus novemcinctus). Es una de las especies más numerosas y ampliamente distribuidas en casi toda América. La parte superior de su cuerpo está cubierta con una serie de nueve placas óseas que forman su coraza, de donde toma el nombre de “Armadillo de nueve bandas”.

Las nueve bandas o placas se encuentran en la parte media del cuerpo y no son completamente rígidas: están conectadas por una piel blanda que les permite tener flexibilidad para doblar su cuerpo. Esta función de su coraza es un sistema de protección contra sus depredadores.
La influencia de los armadillos en la vida cotidiana del pueblo maya prehispánico no se limitó a las creencias y asociación de su figura, sino que fue también motivo de representaciones que no fueron exclusivas en el área maya, siendo representado en casi todas las culturas prehispánicas que habitaron Mesoamérica.


Se han encontrado algunas piezas de cerámica en las que se pueden apreciar series de triángulos que fácilmente podrían compararse con los del armadillo.

Las investigaciones arqueológicas, históricas y etnográficas han contribuido a ubicar escenas en las que intervienen las representaciones del armadillo, algunas con imágenes naturalistas y otras mitológicas, de personajes con investiduras o disfraces de armadillos que, por lo general, representan personajes que corresponden a músicos o danzantes, como se menciona en un pasaje del Popol Vuh, la “Danza del Armadillo”

Una de las esculturas más representativas del Armadillo se ubica dentro del área maya. Se encuentra en Chichen Itzá, en la estructura conocida como “la iglesia”. En esta estructura se encuentra como adorno en su fachada superior con mascarones del dios Chac y otras representaciones de un supuesto dios que emerge de una coraza de armadillo.

Los pobladores prehispánicos del área Maya consideraban que sus nueve bandas están relacionadas con el Árbol del Mundo, con los 9 estratos o niveles del inframundo que, sumados a los 13 niveles superiores, conforman los 22 niveles de la vida. Es la vía adecuada para honrar a las ánimas que antecedieron y que otorgaron la vida, a los ancestros.


Existe otro aspecto sorprendente e importante relacionado con la concha del armadillo, que tiene forma de almendra, que está ligado íntimamente con la geometría sagrada, símbolo del mundo. En diversas tradiciones ancestrales se alude a esta antigua forma ligada a los orígenes, a la divina proporción, como un aspecto sagrado.

La forma de la almendra se liga al movimiento de la tierra con respecto al sol, movimiento y trazo celeste que da pauta a los equinoccios y solsticios. Se ha identificado con la virginidad e incorruptibilidad de aquello que guarda en su interior, la perfección y armonía de los opuestos en total equilibrio.


No hay comentarios:

Publicar un comentario