Los tesoros de Qatna ... Siria


Qatna, que alcanzó su máximo esplendor en el segundo milenio antes de nuestra era, disponía de fortificaciones y murallas de hasta 20 metros de altura, gran parte de ellas aún en pie, que protegían una superficie de 110 hectáreas.

Su palacio, de 150 metros de largo, se encontraba situado sobre una terraza elevada y algunas de sus salas tenían el tamaño de pistas de tenis, cubiertas por techos sin columnas que se sostenían sobre vigas de gigantescos y costosos cedros del Líbano.


Historia ...

El conde Robert du Mesnil du Buisson llegó a Siria después de la primera guerra mundial, entre las tropas francesas encargadas de administrar el territorio. Aficionado a la arqueología, supo por un viajero que a 18 kilómetros de Homs, la ciudad en la que residía, se encontraba un lugar que parecía presentar un particular interés histórico. Se trataba de un montículo llamado Tell el-Mishrife, una colina artificial formada, como otras en el Próximo Oriente, a partir de los sucesivos niveles de ocupación desde épocas remotas. La particularidad de Tell el-Mishrife era su extensión, un kilómetro cuadrado, algo que a Dumesnil le pareció muy prometedor: «Lo primero que sorprende del sitio son las proporciones gigantescas de las ruinas, especialmente la altura de las elevaciones de tierra y la superficie del área interior».


Durante los primeros años, Du Mesnil excavó en el promontorio que se halla en la parte occidental del yacimiento. Hasta que en la campaña de 1927 realizó el descubrimiento que le permitiría identificar el lugar: una serie de tablillas cuneiformes que hacían referencia al nombre de la ciudad, Uru qat-na. Du Mesnil se dio cuenta de que había desenterrado la antigua ciudad de Qatna, capital de un poderoso reino que en la primera mitad del II milenio a.C. se enriqueció con el comercio que la unía a las ciudades del valle del Éufrates y se relacionó con los grandes imperios de la época como los hititas, Mitanni y Egipto. Durante los trabajos, Du Mesnil localizó también unas escaleras en el área norte e hizo trasladar una iglesia que le impedía cavar sin obstáculos. Sin embargo, en 1929 tuvo que dejar las excavaciones.


Hasta el año 1999 no se reanudaron las labores arqueológicas en Qatna. Un equipo sirio-alemán, dirigido por los arqueólogos Michel al-Maqdissi, de la Dirección General de Antigüedades y Museos de Siria, y Peter Pfälzner, de la Universidad de Tubinga, fue el encargado de continuar la labor de Du Mesnil, mientras que Daniele Morandi, de la Universidad de Udine, coordinó las operaciones en el resto del promontorio y del yacimiento.

Los arqueólogos descubrieron en su interior salas decoradas con frescos con figuras de cangrejos, delfines y palmeras, como sólo se han visto en los palacios minoicos de Creta.

Y por los restos de tejidos hallados dedujeron que las clases altas vestían ropas violetas, teñidas con las glándulas hipobranquiales de caracoles marinos.

Mas de 2.000 objetos recuperados en Qatna demuestran la situación estratégica y el carácter comercial de la ciudad, con piezas como tallas de ámbar procedentes del Báltico y lapislázuli de Afganistán.


Restos de visires y princesas ...

El descubrimiento más importante durante las excavaciones fue una cámara mortuoria, intacta desde hace más de 3.000 años, en la que reposaban los restos de unas 30 personas junto a un amplio tesoro que abarca desde vasijas egipcias, armas lujosas, artículos de cosmética y una gran variedad de joyas.

Situada en el subsuelo del palacio, la cámara tenía un acceso directo a la sala del trono, se encontraba sellada desde hacía tres milenios y en su interior se presumen los restos «de altos funcionarios, visires y princesas», según explicó Pfälzner.


Una ciudad prohibida ....

Después de más de tres milenios de olvido, el equipo de arqueólogos ha conseguido averiguar que el primer gran rey de Qatna fue Ischchi Addu, quien gobernó entre 1.800 y 1.750 a.C y fue probablemente quien hizo levantar las colosales murallas que protegían su ciudad y comenzó la construcción de su palacio.

Las tablillas en escritura cuneiforme encontradas en las excavaciones han permitido averiguar muchas cosas más, como la dote de 300 kilogramos de plata que se dio a una princesa para contraer matrimonio en un reino vecino.

En una región de guerras constantes entre distintos pueblos, los reyes de Qatna consiguieron mantener a raya a sus vecinos con una red de fortalezas construidas de manera concéntrica en torno a la capital.


Los arqueólogos calculan que fuera de los muros de la fortaleza vivían hasta 20.000 personas y sospechan que el interior de la muralla era en realidad una ciudad prohibida, a la que sólo tenía acceso la élite del país, los altos funcionarios, la clase noble, los artistas, altos militares y sumos sacerdotes.

Ello se desprende de que, fuera del palacio, las excavaciones en el interior del recinto amurallado sólo han sacado a la luz edificios oficiales, templos y almacenes públicos.

Unos 300 años se calcula que duró la era de máximo esplendor del reino y la ciudad de Qatna, hasta que sobre el año 1.340 a.C fue arrasada, quemada y destruida por un ejército hitita, tras imponerse en los siglos anteriores a sus vecinos asirios, babilonios y egipcios.


1 comentario:

  1. muy interesante aprender de que como y cuando. sucedieron cosa que ni siquiera sabia.

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