Villa romana de Toralla, Vigo.


La principal particularidad de este yacimiento, que data de los siglos IV y V después de Cristo, es que es la única villa romana de Galicia que está excavada íntegramente.

Su ubicación era perfecta, ya que se emplazaba junto a la costa, entre dos arenales y en la desembocadura de un pequeño río de agua dulce. Se trata de una villa, propia de las zonas rurales del Imperio Romano. Se haya emplazada dentro de lo que era la finca privada de la familia Mirambel, cuyos propietarios descubrieron el yacimiento y posteriormente fue donada al Concello de Vigo.



El yacimiento consiste en una villa romana, esto es, una casa de campo con funciones residenciales y productivas (explotación de los recursos primarios del campo y el mar). El conjunto consta de la villa donde vivían los propietarios, la familia y los sirvientes, además de las construcciones dedicadas a la explotación marina, en este caso de unas salinas, lo que demuestra la relación de la villa con el mar. Además toda la vajilla encontrada procede de las costas de Tunicia, lo que refleja aún más esa relación comercial marítima.

Importante para nosotros, pero imprescindible en el mundo antiguo, la sal va siempre asociada a la conservación de alimentos, al curtido de las pieles, a la medicina, a las ofrendas a los dioses en ciertos ritos, o incluso, al pago del “salario” a las milicias.

También se conservan estancias como el triclinium o comedor, los dormitorios o cubicula, el almacén u horrea, la cocina y, especialmente, las termas de la mansión, ejemplo claro del alto poder adquisitivo de sus propietarios, con las salas de agua fría (frigidarium), templada (tepidarium) y caliente (caldarium), todas ellas con bañeras rectangulares y calentadas por el sistema conocido como hipocausto.


Posiblemente la villa fuera abandonada a causa de los normandos que arrasaban la costa durante sus singladuras por estos lares y debido a su proximidad al mar sería blanco fácil para estos piratas, o bien a causa del avance de las dunas, que la dejó enterrada hasta su descubrimiento en el siglo XX.

Cabe destacar su proximidad con la isla homónima, espacio en el que se conocen dos yacimientos arqueológicos: una necrópolis y un castro.

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