Peña de Bernal


La Peña de Bernal es el tercer monolito más grande del mundo, está localizado en el pueblo de Bernal que pertenece al municipio de Ezequiel Montes en el estado de Querétaro, México.

Su entorno cultural está presidido por el triángulo simbólico que forman la Peña de Bernal y los cerros del Zamorano y el Frontón. Todos los años, los otomí-chichimecas se congregan para ir en peregrinación a estas elevaciones sagradas llevando cruces milagrosas, a fin de impetrar la lluvia y la protección divina, venerar a sus antepasados y exaltar la identidad y continuidad de su comunidad.

Cada 21 de marzo, en el equinoccio de primavera, se reúnen en la peña miles de personas, en una festividad místico-religiosa.

A San Sebastián de Bernal se le ha otorgado la denominación de "Pueblo Mágico", en la creencia de que la peña proyecta una energía especial, un poder benéfico, como resultado de la energía telúrica de sus entrañas, que sería la responsable de la avanzada edad de sus habitantes. Según las estadísticas, tiene la mayor cantidad de habitantes centenarios de todo México. Esta longevidad podría deberse a distintos factores, entre los que se encuentra el agua que brota del interior de la peña, la abundancia de metales preciosos o el aire puro que allí se respira, con gran contenido de dióxido de silicio.


Pero hablemos de este pueblo mágico....

Aquí vivieron los bravos chichimecas, famosos tanto por su capacidad para sobrevivir en las zonas más agrestes y áridas, como por su rechazo a ser conquistados por los españoles, contra los que opusieron una feroz resistencia.

De hecho, algunos la consideran la entrada a la Gran Chichimeca, el enorme territorio que cubre varios estados y en el cual vivían estos aguerridos indios: un conjunto de distintas tribus, como las de los caxcanes, guachichiles, tecuexes, guamares, zacatecos y pames.

Ellos también habitaron las faldas de esta montaña, antes de la llegada de los españoles, y la consideraban sagrada. El término de Ma’hando, para los otomíes, y de De’hendo, para los chichimecas, significa «en medio de dos».

Para los iniciados y conocedores de la realidad mágica del lugar, esto viene a señalar una puerta entre dos mundos, el paso entre dos dimensiones, que algunos han conseguido cruzar, contando espectaculares historias de contacto con otros planos, con otros mundos, invisibles para los mortales.


Todos estos relatos hablan de fenómenos extraños y de conexión con seres que habitarían dimensiones de elevada frecuencia a las que se puede acceder a través del interior de la enorme roca. Los queretanos están acostumbrados a ser protagonistas directos de infinidad de leyendas, extrañas apariciones y prodigios.

Los sonidos extraños, las bolas de fuego, los OVNIs claramente visibles, las nubes en forma de serpiente y los extraños resplandores, son apenas algunos de los fenómenos asociados a este enclave mexicano. Los sonidos que a lo largo de la historia se han escuchado, provenientes del subsuelo, también le dieron el sobrenombre de peña que retumba.

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