Nimrud


El río Tigris es considerado, junto a su vecino Éufrates, la cuna de la civilización: el lugar de nacimiento de la región de Mesopotamia. Precisamente aquí se ubica la ciudad iraquí de Nimrud, una de las capitales de Asiria, junto con Assur, Nínive y Dur Sharrukin. Está situada junto al río Tigris, a unos 30 km al sudeste de Mosul (en el actual Irak). Sus restos arqueológicos fueron dinamitados por el Estado Islámico en los primeros meses del 2015, haciéndola desaparecer.


Nimrud, también conocida como Kahla, se fundó hace más de 3.300 años por el rey Salmanasar I, siendo una de las capitales del Imperio Asirio y muy valorada por su historia y restos arqueológicos y artísticos.

Los restos arqueológicos de Nimrud fueron excavados por Austen Henry Layard entre 1845 y 1851, quien identificó erróneamente la ciudad como la antigua Nínive. Las excavaciones fueron continuadas por Max Mallowan entre 1949 y 1957, y por David Oates entre 1958 y 1962. 


Layard extrajo una gran cantidad de esculturas de toros alados y relieves que hoy se encuentran en el Museo Británico, así como el obelisco negro de Salmanasar III, un bloque de alabastro oscuro terminado en escalones, como un Zigurat en miniatura, con relieves en sus lados que conmemoran las victorias del rey.


La mayoría de las excavaciones se realizaron en el área de la ciudadela, una extensión de veinte hectáreas en el interior de la ciudad, rodeada de un muro de unos ocho metros de altura. Se ha identificado el palacio de Asurnasirpal II o «palacio del noroeste» para los arqueólogos, actualmente restaurado y convertido en museo con fines turísticos, el palacio de Samanasar III y el de Tiglath-Pileser III. 


Los muros de las habitaciones de estos palacios, realizados en piedra, estaban cubiertos por relieves pintados de colores, disponiéndose enormes toros o leones alados con cabeza humana a los lados de las puertas de acceso cuyo finalidad era impresionar a los dignatarios extranjeros mostrando el poder de los reyes de Asiria.


En 1847, los colosos fueron desmontados y llevados en balsa por el Tigris, para finalmente ser embarcados rumbo a Londres, donde quedaron expuestos en el Museo Británico junto con numerosos relieves. Al mismo tiempo que el francés Paul Émile Botta, que había descubierto los restos de Khorsabad, la capital de Sargón II, Layard había contribuido a revelar al mundo una civilización que había permanecido sepultada más de dos milenios.


El Obelisco Negro ... 

La escultura fue hallada en 1846, por el arqueólogo Austen Henry Layard en Nimrud o Kalhu, antigua capital asiria, situada junto al río Tigris, a unos 30 km al sudeste de Mosul en el actual Irak y fue erigido como monumento público en tiempos de guerra civil.

Fue llamado popularmente así por el color de su alabastro, presenta sobre cada uno de sus cuatro lados cinco recuadros en relieve (en total suman 20) con la representación de las escenas de vasallaje de diversos reyes y Estados sometidos y la entrega de los obligados tributos. 


La lectura de los recuadros debe hacerse en sentido horizontal y desde arriba abajo, abarcándose así cinco argumentos: el tributo de los habitantes de Guilzanu; el del israelita Jehú, de la Casa de Omri; el del país de Musri; el de Marduk-apilusur, príncipe del país de Sukhu; y, finalmente, el tributo de Qarparunda, príncipe del país de Khattin. 

Las cinco secuencias van acompañadas de un breve texto explicativo que las identifica perfectamente. La parte superior del obelisco, en forma de torre escalonada, y los frontis de las caras por su parte inferior están cubiertos con el relato de las campañas de los primeros treinta y un años del rey. 

Esta magnífica pieza, tallada en un bajorrelieve muy plano y sobria en detalles secundarios, fue situada en una de las grandes Salas de audiencia del palacio de Kalkhu, sirviendo de propaganda y autoelogio del rey.



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