Tepozteco


El Tepozteco es una zona arqueológica situada en el estado de Morelos, México. Se localiza a alrededor de los 2,200 metros sobre el nivel del mar y a 400 metros sobre el valle de Tepoztlán. Estos restos fueron edificados entre los años 1150 y 1350 d.C.

En su día estos restos estaban dedicados a Ometochtli-Tepoxtécatl, deidad del pulque, la fecundidad y la cosecha.

El Tepozteco también fue un dios, hijo de Ehécatl el dios del viento. Cada año, el 8 de septiembre, se hace una fiesta en el municipio de Tepoztlan, Morelos, para conmemorarlo.

  • La Pirámide ... 
La pirámide conocida como la Casa del Tepozteco mide 9.50 metros de altura y en ella se encontró el ídolo Dos Conejos (representación de Ometochtli) que fue destruido por los frailes durante la evangelización.

Para llegar a la pirámide del Tepozteco, es necesario escalar hasta la cima del cerro del mismo nombre; el recorrido inicia en el lugar conocido como Axihtla, en la "Cruz del Bautisterio", un monumento que consiste en una esfera de piedra, que remata en una cruz. 

Durante el ascenso, pueden contemplarse, los corredores del aire, que se encuentran en la base del cerro "Ehecatépetl" o cerro del viento. Más arriba, se pueden ver "Las Tres Marías" que son tres figuras formadas en la roca. 

 Antes de llegar se vislumbra una roca de aproximadamente 30 metros de altura, que algunos conocen como "Los gemelos" y otros como "El muñeco", formas que adquiere según el ángulo desde donde se le observa. 

Un poco más arriba, se llega al último tramo por recorrer, que es un angosto pasillo de más o menos 5 metros de ancho, donde empieza un camino en zigzag. Así, después de un recorrido ascendente de 2,000 metros, se llega a la Pirámide del Tepozteco.

  • Leyenda ...
Cuenta la tradición oral que una doncella solía bañarse en la barranca de Atongo. Se decía que en las barrancas "dan aires", pero la doncella no lo creyó; y así, al cabo de un mes se supo encinta. La doncella se presentó a sus padres y, avergonazada, les confesó su embarazo. 

Al nacer el niño, el abuelo hizo varios intentos para deshacerse de él. En una ocasión lo arrojó desde una gran altura contra unas rocas, pero el viento lo depositó en una llanura; en otra ocasión, fue dejado cerca de unos magueyes, pero al poco tiempo las pencas se doblaron hasta llegar a su boca, para darle de beber aguamiel. En otro intento por deshacerse del niño, fue arrojado a hormigas gigantes pero éstas, lejos de picarlo, lo alimentaron. 

Cuenta también la leyenda que una pareja de ancianos, que descubrió al bebé abandonado lo adoptó. Se trataba de Tepoztécatl, posterior patrono de Tepoztlán. 

Muy cerca del hogar de Tepoztécatl vivía Mazacuatl, una temida serpiente de Xochicalco, a la que los pobladores alimentaban mediante el sacrificio de ancianos. Un día, los mandatarios del pueblo anunciaron al padre adoptivo de Tepoztécatl que debía ser sacrificado a esta serpiente. Tepoztécatl se ofreció a acudir al sacrificio en lugar de su padre. Salió rumbo a Xochicalco, y en el camino fue juntando aiztli, pequeños pedazos filosos de obsidiana, que iba guardando en su morral. Al llegar a Xochicalco se presentó ante Mazacuatl, la enorme serpiente que, de inmediato, lo devoró. 


Dentro del vientre de Mazacuatl, Tepoztécatl utilizó los aiztli, y con ellos desgarró las entrañas de la temida serpiente. 

Durante su viaje de regreso, pasó por una celebración en la que se utilizaban el teponaxtli, especie de tambor, y chirimía, (flauta). Tepoztécatl deseó tocar estos instrumentos y, al verse impedido, envió una tormenta que arrojó arena a los ojos de todos. Cuando reaccionaron, el niño había desaparecido con los instrumentos: se oía a los lejos el sonido de ambos. Lo persiguieron y cuando ya lo alcanzaban, se dice que orinó y formó así la garganta que atraviesa Cuernavaca. 

Llegó a Tepoztlán y tomó posesión de los cerros más altos. Se posó sobre el cerro Ehecatépetl, y como no podían llegar a él, quisieron derribarlo, cortando la base. Fue así como se formaron los corredores del aire. 

Tepoztécatl gozó de amplia consideración en su pueblo natal y fue designado Señor de Tepoztlán y sacerdote del ídolo Ometochtli (Dos Conejo). Pero años después desapareció, no se sabe si murió o se fue a otra parte, pero hay quienes dicen que se fue a vivir junto a la pirámide, para siempre.

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