Luristán


Luristán es una de las provincias occidentales, así como un territorio histórico, de Irán ubicado al sur de los montes Zagros. En la región se han encontrado vestigios arqueológicos de primer orden de importancia, en particular los conocidos bronces de Luristán, y los hallazgos en la región constituyen parte considerable de la colección del Museo Nacional de Irán, en Teherán.


El grupo humano que habitó la zona en la que se halla el Luristán jugó un importante papel en el desarrollo de la civilización ya desde el IV milenio a.C., dado que aquí se produjo la invención de la escritura y la aparición de las primeras ciudades en Elam y Sumer.

En un amplio sentido, el nombre de Luristán significa “Tierra de los Lur”, es decir, de las tribus Lur que constituyeron el núcleo principal de las tribus kurdas del Luristán y de otros grupos con los que éstas compartían el territorio, como los Lak. Esta tierra se ubica en la región montañosa situada en el oeste de Irán, junto a la actual frontera irano-iraquí, al sur de la región del Kurdistán y de los Montes Zagros y al noroeste de Kuzistán; al este delimita con la regiones de Nihavad y Burujid, y al sur con la región de Dizful y la antigua Susiana.


Se extiende desde Kermanshah hasta Fars y se compone de valles profundos de difícil acceso, pero no por ello ha sido inmune a las influencias externas derivadas del comercio y la emigración. Las investigaciones de Clare Goff y Louis Vanden Berghe han puesto de manifiesto como los valles altos de Luristán estaban ya poblados en tiempos prehistóricos.


Estas gentes luristaníes se llamaban a sí mismos elamitas, medas. Eran pueblos soberanos que a menudo estuvieron tentados de hacer prevalecer su presencia e influencia en las regiones adyacentes. Esta denominación persistió a través del IV, III, II milenio y primera mitad del I milenio a.C., hasta la emergencia del factor persa como aglutinante de estos pueblos.

Persas, griegos, árabes y turcos fueron imponiéndose sucesivamente y aún así la tendencia de estos pueblos fue la de preservar su identidad nacional, logro que no consiguieron. 


De manera traumática se consolidó al final la división del Kurdistán en función de las diferencias lingüísticas y religiosas. El Kurdistán iraní actual está constituido por las siguientes seis provincias:

Azerbaiyán occidental, Kurdistán, Kirmanshahan,Hamadan, Elam y Luristán. Cuenta con una población predominantemente kurda, hacia Hamada es más bien irania junto con una minoría turca. La capital actual es Khorramabad se trata de un territorio de unos 30.000 metros cuadrados con una población aproximada de 1.500.000 habitantes.


Desde sus orígenes hasta hoy el Luristán ha sido también tierra de trashumancia, de ganadería y de criadores de caballos. A sus valles acudían casitas y elamitas para adquirir animales; y por sus vegas cruzaban las gentes que desde Babilonia subían por el Diyala hacia Irán. Un cuenco en bronce, datado en el tercer milenio antes de nuestra era, con una inscripción del rey acadio de Sumeria, Sarkalisarri, conservado en Filadelfia, describe a los pobladores de esas tierras como “bárbaros y enemigos de los dioses”.


La cerámica luristana es de buena calidad, con pastas cremosas y superficie exterior semejante con decoración geométrica pintada en rojo. Pero lo fundamental de su cultura son sus bronces, de formidable diversidad: armas -hachas, dagas, espadas, puñales, mazas-, arneses de caballo -bocados, pasarriendas, adornos varios-, adornos personales -colgantes, alfileres de ropa y cabello-, recipientes, estatuillas y estandartes. Al contemplarlos, llama la atención su calidad, sus formas de increíble detallismo. 


Para elaborarlos se utilizó la técnica de la cera perdida, aunque en algunos ejemplares el artesano recurriera al martilleado, sobre todo, para el afinamiento.

Otros bronces notables, dotados de una fuerte carga mágica e incluso filosófica, son los estandartes llamados “el domador de animales”. En ellos se recrea una escena recurrente en el arte antiguo de Oriente Próximo: una composición simétrica en la que, en la zona central, un personaje masculino coge por su cuello a dos criaturas demoníacas, mientras que, en la zona inferior, hay dos aves, una a cada lado. Con frecuencia la figura central está acompañada de una o dos cabezas de personajes.


Merecen resaltarse también las agujas de pelo o alfileres que están embellecidos con elementos zoomorfos, los vasos con decoración de animales así como unas pequeñas esculturas exentas a modo de exvotos de caprinos y felinos. Los animales tienen un estilo característico pero de clara influencia de la Mesopotamia septentrional junto a fuertes raíces en la tradición irania. Es un conjunto artístico que rompió fronteras cronológicas y que tuvo un alto significado más allá del propio uso y arte.


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