Las cabezas trofeo


El culto a los cráneos es una tradición cultural que se remonta, al menos, al Neolítico. Sus principales manifestaciones son las cabezas trofeo, las máscaras cráneo, los cráneos moldeados y la reducción de cabezas.

En Mesoamérica, la decapitación post mortem era el primer paso de un tratamiento mortuorio que daba lugar a una cabeza trofeo, un cráneo del tzompantli o una máscara cráneo. El tzompantli es un término que se refiere tanto a una construcción donde se colocaban las cabezas de las víctimas como a los cráneos mismos.



Las máscaras cráneo son cráneos modificados artificialmente para separar y decorar su porción facial, y se han encontrado en el templo Mayor de Tenochtitlán. 

La existencia de cabezas trofeo se ha documentado iconográficamente en cerámicas y textiles de las culturas paracas, nazca y huari de Perú. Los indios mundurucú de Brasil y los shuar o jíbaros de la Amazonia ecuatoriana han mantenido esta costumbre. Los shuar, además, reducen las cabezas (tzantzas) en un proceso ritual. 

Tzantzas expuestas en el Museo del Hombre de San Diego, EE.UU.

Pero ampliemos un poco más este tema ....

La práctica de la decapitación y conservación de la cabeza o el cráneo del decapitado para ser depositado a modo de ofrenda en espacios funerarios y/o ceremoniales está abundantemente documentada ....

El término “cabeza trofeo” fue acuñado por Max Uhle, que fue el primero que definió la cultura nasca a partir de las excavaciones científicas de sepulturas en la hacienda Ocucaje en el valle del Ica en 1901. Este arqueólogo alemán interpretó las imágenes de cabezas cortadas en la iconografía andina (chavín, sechín, paracas-nasca, wari, tiwanaku) como trofeos de guerra.


Para hacer una cabeza trofeo, la cabeza era cortada a la altura del cuello y se removían la vértebra cervical y las estructuras de los tejidos blandos en la base del cráneo. Esta base se abría por medio de una ligera ampliación del forámen mágnum o se quitaba completamente con la finalidad de extraer la masa encefálica.


Se perforaba el hueso frontal, aproximadamente en el centro de la frente, para atravesar una cuerda atada al interior del cráneo. Los labios, y a veces los parpados, eran cosidos con espinas de algarrobo o cactus y la mandíbula inferior se ataba a los arcos zigomáticos para mantenerla en su ubicación original. 


Las mejillas se rellenaban con fibra de algodón o vegetal o cabello cortado de la misma cabeza de la víctima. El resultado final era una cabeza completa con piel y cabello, con una cuerda, de fibras vegetales, algodón, lana o incluso de cabello del sacrificado, que permitía transportarla.

Las cabezas, por lo tanto, eran intencionalmente "momificadas" con el propósito de conservar la piel, el cuero cabelludo y el cabello.

Cabeza reducida - Tribu Shuar.
La “cabeza trofeo”, excepcionalmente pudo funcionar como ajuar funerario, posiblemente de un personaje de alto rango vinculado al poder político-religioso, vale decir, a quienes encarnaban representaban o se comunicaban con lo divino (las wakas), o bien, y al parecer más frecuentemente, como ofrenda en espacios ceremoniales, ofrendas a las deidades, a los espacios sacros, es decir, a las wakas mismas.

En el mundo andino, las ocasiones en que se ofrecían sacrificios humanos eran de suma importancia para el destino de la comunidad, y el cuerpo humano constituía la máxima ofrenda que garantizaba al hombre el establecimiento de una comunicación con el ámbito de lo sagrado.

A cambio de la entrega de lo “humano mismo” el hombre quedaba en condición de pedir a sus wakas que garanticen la continuidad de la vida natural, social y cósmica (Bovisio 1995, 2011 y Reinhard, 1992). 

Cabeza reducida expuesta en un museo de Florida

De acuerdo con López Austin, en el cuerpo humano existían tres grandes centros anímicos mayores, entendiendo por centro anímico a “la parte del organismo humano en la que se supone existe una concentración de fuerzas anímicas, de sustancias vitales, y en la que se generan los impulsos básicos de dirección de los procesos que dan vida y movimiento al organismo y permiten la realización de las funciones psíquicas” (López Austin 2008-I:197). 

La energía anímica que se supone reside en los centros anímicos se concibe frecuentemente como una unidad estructurada con capacidad de independencia, en algunas condiciones, del sitio orgánico en el que se le ubica ... Los tres grandes centros anímicos mencionados estaban ubicados en tres zonas distintas: la cabeza, el corazón y el hígado, correspondientes al tonalli, el teyolía y el ihíyotl, respectivamente.


Los mundurucú fueron considerados un grupo muy aguerrido y belicoso. Actualmente sobreviven unos 7.500 individuos en los estados brasileños de Pará, Amazonas y Matto Grosso. 

El término mundurucú  les fue asignado por los indios parintintín debido a sus técnicas de guerra, pues en  el  combate se alineaban  como  un  grupo compacto de hormigas . 
Los mundurucú eran famosos porque exponían las cabezas trofeo en las proximidades de sus cabañas.

El proceso de preparación de las cabezas trofeo mundurucú difería de la técnica empleada por los shuar, pues no había reducción del tamaño de la cabeza ni retirada de los huesos del cráneo.

Las cabezas trofeo mundurucú se dejaban secar, con la piel y el cabello, una vez retiradas  las partes  blandas,  la grasa  y  el  encéfalo. Después, la cabeza se sumergía varias veces en un recipiente con aceite vegetal y urucum, y posteriormente se colocaba varios días al sol para secarse o bien se ahumaba.

La cabeza se untaba con aceite de andiroba, se llenaba su interior de bolas de algodón y se tapaba la boca con resina. En los cabellos, y a ambos lados de  la  cabeza, se tejían dos cordones de algodón adornados con plumas rojas y negras de tucán de pico negro.

En  las  órbitas se colocaba una masa de resina y se incrustaba un diente de un roedor llamado cutia. De la boca pendían varios cordones entrelazados, y el más grueso servía para que el guerrero dueño de la cabeza la pudiese transportar o amarrar a su cintura. En ocasiones se introducía una caña de bambú o una estaca por el foramen magno para transportar la cabeza trofeo en expediciones y en rituales. La cabeza trofeo era transportada por su dueño tanto en las incursiones guerreras como en fiestas y cacerías, pues se pensaba que favorecía la suerte en la caza. Por la noche, la cabeza trofeo se fijaba en una estaca y permanecía cercana a la hamaca donde dormía su dueño.


El pueblo de los Shuar, más conocido por el nombre de Jíbaros es originario del altiplano ecuatoriano, en las fuentes del Amazonas, al norte del río Marañón y entre las cuencas del río Pastaza y el río Chinchipe.

Si por algo son realmente conocidos y temidos, es por la capacidad que tienen de reducir las cabezas de sus enemigos.

De cada victoria, el gran guerrero conserva un testimonio: una cabeza cortada y luego reducida. Esta costumbre no tiene por único objeto hacer alarde de trofeos de guerra, pretende que el espíritu del muerto, el mésak, no vuelva para vengarse del asesino.
Los Shuar creían en la existencia de tres espíritus fundamentales:
  • Wakani - Innato del ser humano, por lo que sobrevive a su muerte.
  • Arutam - Literalmente "visión" o "poder ", protege a los humanos de una muerte violenta.
  • Mésak - espíritu vengativo, emerge cuando una persona portadora del espíritu Arutam es asesinada ... (Esta práctica se realizaba para bloquear los poderes de este último espíritu). 

Otros cultos a las Calaveras: Las Santas Calaveras de San José (Guatemala)

Las “Santas Calaveras” se encuentran en un extremo del altar mayor del templo de la Iglesia de San José lo cual demuestra la gran devoción que les tienen. Estas “Santas” son identificadas por la comunidad como sus antepasados, hombres sabios que según ellos eran priostes.

Estas calaveras reciben un importante culto a lo largo del año. Los lugareños acuden a ellas para pedir por la curación o la salvación de la vida, propia o de otro ser querido. Luego, el primero de noviembre de cada año, se saca a una de ellas en procesión por el pueblo, siendo recibida en aquellos hogares que le han hecho alguna promesa.

La tradición las lleva en procesión, una diferente cada año y van de casa en casa. Dicha tradición se realiza con respeto y se debe de cumplir con una serie de requisitos para poder recibirlas.


Kapala ... Culto a la Calavera

Copa de cráneo es un copa para beber hecha con un cráneo humano. El uso del cráneo de un enemigo vencido como copa para beber ha sido registrado por numerosos autores a través de la historia de diversos pueblos, especialmente entre los nómadas de las estepas de Eurasia.


La copa de cráneo es parte de un ritual usado en el budismo tántrico hindú y tibetano conocido como Kapala, y a menudo se ve que son llevadas por las deidades en imágenes; la identidad del dueño del cráneo no se considera significativa. Aún se conservan muchos Kapalas ricamente tallados, la mayoría procedentes del Tíbet.

Típicas del tantrismo tibetano, de carácter específicamente mágico y chamánico, estas copas presentan grabados con figuras religiosas, especialmente de la diosa Kali, o Shiva , principio y fin de todas las cosas, así como figuraciones de Ganesha, y a menudo se ornamentan con diversos metales y piedras preciosas.


Su función es primordialmente votiva, teniendo múltiples usos rituales; se suelen emplear en los monasterios tibetanos como recipiente para las libaciones de los dioses, panes o dulces en forma de ojos, lenguas u orejas , como objetos de meditación (una tradición de la cual también encontramos ejemplos, con matices diversos, entre los ascetas y eremitas cristianos, como San Jerónimo o la Magdalena penitente, e incluso en la calavera que suele aparecer entre los artefactos de la cámara de reflexión masónica), o para iniciaciones esotéricas que conllevan el consumo de sangre o vino contenidos en el kapala.



Las calaveras se recuperaban en las sepulturas populares, en donde la costumbre de dejar los cadáveres al aire libre para que los pájaros acabasen con sus cuerpos costumbre ahora prohibida pero ejecutada desde siempre y llamada limosna para los pájaros devolvía a las memorias lejanas del culto de los antepasados pre budistas, ligadas también a las practicas de los cazadores de cabezas que así mostraban de manera inequívoca como había que tener siempre presente la transitoriedad de la vida y como eso podía ser motivo para no caer en ninguna tentación ligada a los sentidos; desde el punto de vista religioso, todo eso está ligado al concepto de la elevación del alma destinada a perpetuar una eterna reencarnación, en una continua e incesante repetición.



Aunque si buscamos en profundidad, podríamos encontrar la respuesta en los antiguos rituales de sacrificios humanos que se practicaban con normalidad en el pasado.

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