Cultura de la Aguada


La Cultura de La Aguada se desarrolló en la región fronteriza entre las provincias argentinas de Catamarca y La Rioja, entre el 600 y 900 de nuestra era.


La cultura La Aguada estaba organizada por una élite política y religiosa que dirigía la vida de las comunidades. Esta organización se componía de distintos señoríos independientes, cada uno de los cuales estaba basado en una línea de parentesco que descendía de un ancestro común. Es muy posible que debido a la multiplicidad de señoríos que componían esta cultura, no haya habido una autoridad única, pese a que todos compartían un sistema religioso y simbólico más o menos común.


Las distintas áreas geográficas que abarcó esta cultura poseen distintos patrones de asentamiento y en casi todos ellos no resulta fácil distinguir entre los sitios puramente habitacionales y aquellos propiamente ceremoniales. Los asentamientos se caracterizan por tener recintos de acabada construcción en piedra, donde vivía la elite, mientras las capas inferiores ocupaban casas de paja y barro. Algunos sitios poseen estructuras cuya planta tiene forma en U, los cuales han sido interpretados como recintos donde se realizaban ceremonias dirigidas por el sector dominante.


Esta cultura recibió claras influencias otras culturas que le precedieron en la región, especialmente Ciénaga y Condorhuasi.

Existen las ruinas de una construcción parecida a una pirámide, en verdad troncocónica, en la actual provincia de Catamarca. Poseía rampas de acceso, y cámaras internas donde se encontraron restos de cerámicas y humanos.


Sus expresiones artísticas se despliegan a través de múltiples materiales: fina alfarería pintada, pulida y grabada, metalurgia del oro y el bronce, la escultura en piedra y el arte rupestre con grandes imágenes pintadas en abrigos y cuevas rocosas.


Incluían obsesivamente las imágenes de felinos, costumbre compartida con las culturas San Agustín, Chavín y Tiwanakota. Las figuras humanas las representaban muy ataviadas, con tocados o máscaras; motivos antropomorfos, ofidios, felinos, aves y batracios a veces adquieren características míticas a través de la combinación de sus atributos.


El desarrollo de sus trabajos en metal merecen una mención especial, con un grado de perfección notable, es probable que la aleación del bronce se introdujera en la región con el florecimiento de la cultura de la Aguada, con la técnica de la "cera perdida" elaboraron bellos objetos como frontales, narigueras y pendientes.


Esta cultura poseía complejas prácticas funerarias, donde destacan las sepulturas en túmulos y los enterramientos múltiples. En estos últimos se depositaba simultáneamente una gran cantidad de cuerpos, colocándolos en posiciones ordenadas y articuladas entre sí. El ajuar funerario era, en algunos, casos muy abundante y en otros más escaso, lo que daría cuenta de diferencias al interior de la sociedad. 


Con esta cultura aparece el culto del cráneo-trofeo, lo cual parece sugerir la práctica de sacrificios humanos. Las ceremonias incorporaban el uso de alucinógenos y la cosmovisión contemplaba entidades como el felino y el "sacrificador"representado con complejas atuendos, elaborados adornos faciales, hachas y cabezas cortadas. 

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