Relieve de Heracles en Behistún


Heracles se equipara aquí con un dios propio de la región. Tácito habla de un culto a Heracles en la montaña Sambulos, que quizás pueda corresponder a la montaña próxima a Behistún.

El relieve muestra a Heracles desnudo, recostado sobre una piel de león o sobre un relieve antiguo con figuras de leones, según la opinión de otros investigadores. Con la mano izquierda sostiene un cuenco, lo que indica que se encuentra en un banquete, situación que aparece a menudo en los jarrones áticos de finales del siglo VI hasta mitad del siglo V a.C. pero también en las representaciones helenísticas y romanas.

Su maza descansa junto a sus pies y el estuche con el arco y las flechas cuelga de un árbol que se encuentra detrás, de forma parecida al relieve de Eleusis, no muy lejos de Atenas.

A su lado podemos observar una estela coronada por un frontón. Según su inscripción, en el mes de Panemos del año 164 , Jacinto, hijo de Pantauco, consagró (el relieve) a Heracles Calinico («el que alcanza una bella victoria») para implorar la protección de Cleómenes, gobernador de las Altas Satrapías. Realizado, por tanto, para el funcionario de mayor rango del este seléucida, procede del período del rey Alejandro Balas (150-145 a.C.) y se construyó tan sólo unos pocos años antes de que finalizara el gobierno seléucida en Irán.



Situado en el mismo lugar encontramos el famoso relieve del aqueménida Darío I. La inscripción de Behistún es una antigua inscripción de la época del imperio aqueménida, mandada erigir por Darío I de Persia.

Está inscripción es a la escritura cuneiforme lo que la Piedra de Rosetta a los jeroglíficos egipcios: el documento clave para el desciframiento de una escritura antigua desconocida que muestra el mismo texto en otro idioma conocido. La inscripción incluye tres versiones del mismo texto, escritas en tres escrituras y lenguajes diferentes: persa antiguo, elamita y babilonio.

Un oficial del ejército británico, Sir Henry Rawlinson, transcribió la inscripción en dos momentos, en 1835 y 1843. Rawlinson pudo traducir el texto cuneiforme en antiguo persa en 1838, y los textos elamitas y babilonios fueron traducidos por Rawlinson y otros después de 1843. El lenguaje babilonio era una forma tardía del acadio; ambas son lenguas semíticas.

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