Pinturas misteriosas ... Paul Laffoley


Paul Laffoley creció en una familia católica-irlandesa tremendamente conservadora en Boston, Massachusetts Se dice que su primera palabra fue “Constantinopla” a los seis meses de edad y que, posteriormente, pasó cuatro años sin hablar. Tras ir a escuelas públicas, sus habilidades lo llevaron a hacer una carrera en la prestigiosa Brown University, de la cual se graduó con honores a pesar de haber recibido ocho tratamientos de electroshock por su estado mental inestable. Más tarde se fue a hacer una maestría a la gran Harvard Business School, donde su padre daba clases de leyes. Efectivamente, tuvo una educación del más alto nivel, pero lo acabaron expulsando de sus estudios de post-grado por sus ideas poco convencionales.


A partir de entonces, en los años 60, ha alquilado un estudio bautizado como el “Boston Visionary Cell”, en el cual se ha dedicado a crear sus más de 800 obras. Su trabajo refleja sus ideas, tanto filosóficas como científicas, en diagramas hechos para describir el funcionamiento del universo. Las pinturas que hace son producidas con varias técnicas (desde óleo hasta plumones), pero casi todas son a gran escala y cuentan con un altísimo grado de complejidad visual.


En 1992, durante un estudio de salud rutinario, le descubrieron una placa de metal en el cerebro, cerca de la glándula pineal. Los investigadores del “Local Mutual UFO Network” dijeron que descubrimiento era un “laboratorio alienígena de nanotecnología”. Desde entonces, Laffoley cree que su implante tiene procedencia extraterrestre y que de ahí vienen las ideas para sus obras. Paul ha notado que las revelaciones que tiene vienen casi siempre de un estado de ensoñamiento lúcido, que le brinda inspiración para trabajar.


Su obra se divide en cuatros subgrupos: Sistemas Operativos, Meta-Energía, Viaje en el Tiempo y Sueños Lúcidos, concebidos como “singularidades estructuradas”. Enclaustrado en su trinchera en Boston, casi un bunker de investigación metafísica o un caótico taller de dibujo alquímico, Laffoley observa al mundo desde su glándula pineal intervenida por seres de otras dimensiones: tejiendo un universo, como el demiurgo, una nueva copia del universo, con algunas variaciones en su diseño –tenues intersticios–, en este caso no para que sepamos que no es real, sino para que sepamos que podemos crear otro y en su mente la physis y la poesis se imbrican en una telaraña tecnicolor que dispara su flecha en el blanco del mandala, en el iris del ojo de Horus.


Una de las obsesiones de Laffoley es hacer un diagrama funcional de una máquina del tiempo "un aparato que permite una conexión entre el tiempo y la eternidad" una máquina que puede ser, como descubrió Donnie Darko, el cuerpo humano ... En este afán, Laffoley ha creado una estructura simbólica donde el alma humana es embebida en un sistema temporal dimensional " Su teoría es que si se puede amplificar y controlar la pre-percepción del futuro y la la retro-percepción del pasado de una forma exagerada se cumpliría con la definición del viaje en el tiempo como la presenta H.G. Wells".


Otro de los proyectos de Laffoley es combinar arquitectura viviente con geometría sagrada para materializar la la idea de una planta primordial de la cual todas las demás provienen. Crear esta idea de otra forma: uniendo todas las plantas del planeta para obtener una sola planta, a través de un injerto o cruce. Esto puede ocurrir, según Lafolley a través del Ginkgo biloba, una planta que como el mercurio de la alquimia, es el gran conductor y enlace de la transformación.


Lafolley, dice ser un enlazador de mundos, entre el cosmos y la tierra: canalizaciones de información astral se convierten en diagramas terrestres, mapas de universos paralelos que están dentro de éste, como el infinito en una cáscara de nuez. Una cáscara de nuez puede ser una nave espacial.

1 comentario:

  1. IMPRESIONANTE la figura de este hombre!! NO LA CONOCÍA..otro genio!! gracias por ponerlo!!!!.

    fdo:artículo1

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