Monte Palatino, la más céntrica de las siete colinas de Roma


El Palatino es, según la leyenda, en lugar en que se fundó Roma, es decir la ciudad cuadrada que Rómulo trazó con un surco. Hoy en día el Monte Palatino aparece como una montaña uniforme, pero originalmente estaba formado por tres colinas independientes cuyos desniveles fueron cubriéndose con el paso de los años con impresionantes monumentos de la Roma imperial.


Desde el comienzo la ciudad cuadrada original se expandió rápidamente y ya en los tiempos de Servio Tulio se le protegió con murallas. A medida que la ciudad se expandía el palatino fue perdiendo su importancia, aunque siempre continuó siendo el monte sagrado que conmemoraba la fundación de la ciudad. Por ello siempre fue el monte preferido por los romanos ricos para construir sus impresionantes mansiones privadas, y posteriormente el sitio elegido por los emperadores para tener su residencia oficial. 


A medida que el imperio entraba en decadencia así lo hizo el palatino, aunque continuó siendo el lugar de residencia elegido por los reyes bárbaros y por los emperadores del imperio de occidente. Durante la edad media fue el lugar elegido para construir la residencias y fortalezas de los nobles, las iglesias y los monasterios.


El redescubrimiento del Palatino se produjo durante una sistemática excavación arqueológica que comenzó durante la primera mitad del siglo XVIII y que ha continuando hasta nuestros días a cargo de los más insignes arqueólogos. Así, han ido saliendo a la luz las ruinas de importantes monumentos como el templo de Cibeles, la casa de Livia, el palacio de los Flavios, la residencia oficial de los emperadores, la Domus Augustana, las casas de Tiberio y Calígula, el templo de Venus y Roma y el templo de Júpiter Stator. 


Mitología ... 

En el Palatino estaba situada la cueva (Lupercal, ya que era el lugar de Luperca, la loba que los amamantó) en el que fueron encontrados Rómulo y Remo.


Roma fue fundada, según la tradición, por dos hermanos gemelos, Rómulo y Remo, que, acompañados de bandidos y vagabundos expulsados de sus propias ciudades, decidieron fundar un nuevo asentamiento junto al Tíber. Sin embargo, los dos hermanos no se ponían de acuerdo acerca del lugar en que levantarían su ciudad. Remo prefería el promontorio del Aventino, mientras que Rómulo se inclinaba por la colina del Palatino. Así las cosas, decidieron dejar su disputa al arbitrio de los dioses y -apostados cada uno en su colina-, se quedaron esperando una señal de lo alto.


La mañana del 21 de abril del año 753 a.C., Remo contemplaba el limpio cielo primaveral desde la cima del Aventino cuando divisó seis enormes buitres sobre su colina. Lleno de euforia, echó a correr hacia Rómulo, para anunciarle su victoria. Sin embargo, en ese mismo instante, una bandada de doce pájaros sobrevolaba el Palatino. Seguro de su victoria, y sin esperar la llegada de su hermano, Rómulo cogió un arado y comenzó a cavar el pomerium, el foso circular que fijaría el límite sagrado de la nueva ciudad, prometiendo dar muerte a quien osara atravesarlo.


Pero Remo, enojado por su derrota, lo cruzó desafiante de un salto. Obligado por el juramento que acababa de pronunciar, Rómulo dio muerte a su hermano, que fue el primero en pagar con su vida la violación de la frontera sagrada de Roma.


Esta leyenda encerraba para los romanos una halagüeña promesa: su ciudad sería perfecta y jamás tendría fin, como el foso que rodeaba el Palatino. Pero contenía también una oscura amenaza: la sombra del fratricidio sobre la que estaba fundada planearía como una maldición sobre Roma, en cuya historia abundaron los asesinatos y las Guerras Civiles.

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