Kazerun


En el siglo III d C, emergió en tierras del actual Irán una poderosa estirpe de reyes forjadora de un imperio, el sasánida o neo-persa, que llegó a enfrentarse en repetidas ocasiones al imperio romano, infligiéndole numerosas y contundentes derrotas.

Los sasánidas demostraron que los persas seguían siendo un pueblo combativo, irreductible, una nación capaz de medirse de igual a igual con la civilización occidental. Los ecos de esa actitud desafiante parecen aún resonar en el Irán de hoy.


Pero los sasánidas fueron también una comunidad culta y refinada, que nos dejó un legado artístico sumamente atractivo, aunque poco conocido. Entre las obras de arte sasánida que mejor han sobrevivido a los estragos del tiempo destacan sus magníficos relieves rupestres, esculpidos en los remotos acantilados y roquedos de las montañas de Persia.

Los sasánidas dejaron a la humanidad un importante legado artístico, sobre todo en arquitectura y escultura, de gran interés para quienes estudian los orígenes del arte occidental. El de los sasánidas es un arte de marcado carácter iranio, pero que bebió, sin embargo, de otras fuentes, del este y del oeste, adaptando los estilos foráneos a su propia imaginería. Y que, de la mano del imperio, llegó muy lejos en su irradiación más allá de las fronteras de Persia.


La arquitectura alcanzó a menudo proporciones monumentales, como puede todavía apreciarse en las ruinas de los palacios de Ctesifonte, Firuzabad y Sarvestan, en los actuales Iraq e Irán.

En las cercanas ruinas de la antigua ciudad de Bishapur podemos encontrar bajorrelieves de la época sasánida. También una estatua de Shapur I (241-272 d.C) en una cueva de la misma zona.


La religión ...

La religión de los sasánidas era el zoroastrismo, si bien el zoroastrismo sasánida tenía claras diferencias sobre las prácticas reflejadas en el Avesta, el libro sagrado del zoroastrismo. El clero zoroastrista sasánida modificó la religión de forma que satisficiera sus intereses, provocando una sustancial intranquilidad religiosa. Las políticas religiosas sasánidas contribuyeron al florecimiento de numerosos movimientos reformistas religiosos, los más importantes de los cuales fueron las religiones de Mani y Mazdak.

El extremado y pronunciado dualismo constituyeron la característica más reseñable del zoroastrismo. Ormazd y Ahriman, los principios del bien y del mal, eran considerados como gemelos, que vinieron en un principio para crear la vida y la muerte, y para establecer cómo sería el mundo. No había prioridad en la existencia de uno sobre el otro, y tampoco una decidida superioridad. Ambos, siendo contemporáneos, contendían desde el principio de los tiempos y seguirían haciéndolo por toda la eternidad, no siendo ninguno de ellos capaz de desbancar al otro.


El culto zoroastrista estaba íntimamente conectado con los templos y altares dedicados al fuego. En todas las ciudades importantes del Imperio se mantenía un templo del fuego, y en cada uno de ellos se veneraba a una llama sagrada, de la que se creía que había sido encendida desde los cielos y se mantenía perpetuamente encendida por los sacerdotes. Se decía de esta llama que era "inextinguible"..... Sin duda esta llama sagrada me recuerda a la antorcha de los Juegos Olímpicos, curioso!

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