Simbología: Murciélago


El murciélago, con su aspecto de diminuto diablo vagabundo, es siempre un poco la huidiza representación del miedo. Su figura de máquina voladora del Renacimiento, su negro e impreciso color, su penetrante y agrio chillar e incluso su extraña forma de dormir, son elementos suficientes para que en su entorno se levantara la fábula del pavor y el artilugio del espanto.

Para la mayoría de las personas estos animales evocan historias de casas encantadas, cementerios y vampiros sedientos de sangre. Pero la verdad de estas historias son tan fascinantes como los mitos de los que se ven rodeados. Los murciélagos, lejos de ser los monstruos de las leyendas populares, tienen verdaderamente una importancia capital para la vida de nuestro planeta.

La general aversión que acompaña a estos animales ha de atribuirse a sus hábitos nocturnos, a su semejanza con los ratones, a su atemorizadora estructura facial, a la extraña conformación de sus extremidades o al ámbito siniestro de sus refugios. Su extravagante aspecto ha hecho que la imaginación popular los convierta en animales de mal agüero, compañeros inseparables de brujas y duendes.

En muchas culturas encontramos historias como que se enredan en el pelo de la gente, que chupan la sangre a las personas hasta desangrarlas, que causan problemas respiratorios, que dañan las cosechas, que los murciélagos fuman , blasfeman y maldicen...



Este miedo ha favorecido las supersticiones en la cultura rural de los pueblos de España, y junto al sapo, se les ha clavado en las puertas o a los troncos de los árboles, si un murciélago entra en una casa habitada es señal de mal augurio, o que avisa de la muerte de alguien de la casa, si alguno vuela cerca le advierte de que alguien trama algo malo contra esa persona, si se le clava en un madero con las alas extendidas en forma de cruz y se le da de fumar blasfema con voz humana, si vuelan en grupos numerosos y de noche se interpretaba como presagio de mal tiempo ...

Hay algunos autores que sostienen la posibilidad de que muchas de estas supersticiones tengan un origen en la Santa Inquisición que relacionaba a los murciélagos con las prácticas de brujería, e incluso hay referencias documentales de alguna quema de brujas por usar a estos mamíferos voladores para la celebración de ritos satánicos. Antes de la época de la Inquisición, los murciélagos parecen tener un origen en los dragones, un gran antepasado que no tenía la fama demoníaca que tuvo posteriormente.

En China son considerados símbolo de felicidad o buenos augurios, su nombre significa felicidad o alas abrazadas. “Xin Yu” es rata hada o rata duende, “tin yu” rata celestial.

En la India y Egipto fueron sagrados, el símbolo “Wu Fu” es un símbolo bastante popular del arte asiático: son 5 murciélagos que rodean el símbolo de la longevidad, demostrando su relación con la salud, la longevidad, el virtuosismo, la felicidad y la prosperidad.

En textos antiguos de la medicina tradicional china se afirma que “el polvo de murciélago viejo de color blanco” prolonga la vida humana y cura la epilepsia infantil.

Para los indios zuni los murciélagos son anunciadores de la lluvia. En un mito de los indios chami, el héroe mítico Aribada mata el murciélago Inka, para apoderarse de su poder de adormecer a sus víctimas.

En la mitología Yanomami, Murciélago se desplazaba de un lugar a otro y resucitaba a los Yanomami que estaban muertos. Acudía junto a aquellos a los que afligía un duelo e incluso tenía el poder de hacer revivir a los niños cuyo cadáver ya olía mal. Cuando quería hacer recobrar la vida a un muerto, deslizaba los dedos a lo largo de las cuerdas de la hamaca donde yacía el difunto y suavemente le palpaba recobrando la vida.

En Tikopia (Polinesia) la gran mayoría de especies se asocian con seres sobrenaturales. Los indígenas cuentan que cuando un hombre sorprende a un murciélago que come frutos en su jardín o que roe una nuez de coco, si es una persona prudente, no busca matarlo, pero se contenta con hacerlo huir, rezándole bajo el nombre de Pu (antepasado), en el momento que alza el vuelo batiendo las alas, para ir a buscar su alimento a otra parte. Se trata con miramiento, por miedo de que no sea más que un atua (espíritu) disfrazado de animal, pues no le perdonará tratarlo brutalmente y se vengará volviendo continuamente a robar su fruta.



En África, según una tradición iniciática peúl, el murciélago reviste una doble significación. Por un lado es la imagen de la perspicacia ya que ve incluso en la obscuridad cuando todo el mundo está sumergido en la noche. Por el otro es la figura del enemigo de la luz, del extravagante que hace todo a contrapelo y que ve todo al revés como un hombre suspendido por los pies.

En algunas tribus de Victoria (Australia) el murciélago pertenece a los hombres, que le protegen de todo daño, aunque tengan que matar a la mitad de las mujeres para su seguridad.


 La celosa protección se basa en que el hombre cree que su propia vida, la de su padre, hermanos, hijos y demás parientes, está ligada con la de los murciélagos particulares y que, protegiendo la vida de este animal, protege la de todos sus parientes masculinos tanto como la suya propia.

Es posible que las grandes poblaciones de murciélagos inspirasen a nuestros antepasados a venerarlos como símbolos de fertilidad. Así, en Australia eran un tótem sexual para los aborígenes. En algunas zonas de México, las mujeres embarazadas continúan visitando las cuevas habitadas por los murciélagos portando ofrendas para pedir un parto fácil como el de estas criaturas.



La mitología maya honraba a un murciélago en su panteón de deidades: el dios Zotz. Se representaba como a un humano con la cabeza y las alas extendidas de los murciélagos y lo reverenciaban sacrificando animales y llevando tamales y flores. Los mayas lo consideraban como el dios del Mal, y ahora sabemos que ya desde entonces tenía capacidad de transmitir la rabia; no se ha podido comprobar su presencia en los restos humanos que han llegado a nuestros días.

Evidentemente, todo indica que ese temor que sentían y la adoración que profesaban al vampiro estaba íntimamente relacionado con la presencia de rabia, pues en el Popol-Vuh se hacen referencias directas de que eran transmisores de esta enfermedad.

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