Obeliscos en el mundo ...


Originarios del Antiguo Egipto tallados en un solo bloque de piedra, generalmente se colocaban por pares a la entrada de los templos, y sus caras tenían grabados jeroglíficos con alusiones al faraón que los mandó erigir.

El piramidión o piramidón es la pieza pétrea de forma piramidal que se situaba en la parte más alta de los obeliscos y pirámides; simbolizaba el lugar donde se posaba el dios solar Ra o Amón-Ra, en la cúspide del monumento, como punto de unión entre el Cielo y la Tierra.

Esta pieza, generalmente se recubría de oro, bronce u otra aleación de metales, para que resplandeciera cuando incidía en él la luz del Sol, que los antiguos egipcios afirmaban era la "carne de los dioses". Denominados "tejen", por los egipcios significaba literalmente, "rayo de sol". Este monumento, próximo a una aguja, simbolizaría un rayo del Sol, la estabilidad y fuerza creadora que poseía el dios solar Ra.


Los egipcios creían que los rayos del Sol llevaban hasta la tumba un gran poder vivificante que tenía algún efecto en la posterior resurrección del difunto. Durante la breve reforma religiosa de Ajenatón se consideraban como rayos petrificados de Atón, el disco solar.

Es sorprende comprobar que muchos de los obeliscos que presiden estos espacios han recorrido miles de kilómetros para ocupar esos lugares privilegiados, a alguno de ellos les acompaña en su trayecto el “peso de la historia”…, historia que, por norma general, tiene su origen en el antiguo Egipto…

Tal fue el caso de los obeliscos egipcios conocidos como: Las Agujas de Cleopatra, que partieron en el siglo XIX del puerto de Alejandría hacia Londres y Nueva York.

Se conoce con este nombre (nombre impuesto por los británicos, ya que estos obeliscos no guardan relación alguna con Cleopatra) a una pareja de obeliscos mandados erigir en el siglo XV a.C. por el emperador Tutmosis III para la ciudad egipcia de Heliópolis.



Estas grandes agujas de 21 metros de altura y más de 180 toneladas cada una, esculpidas en granito rosado procedente de las canteras de Asuán, iniciaron, años después, un primer viaje con destino Alejandría, por orden del emperador romano Cesar Augusto, para ser ubicados en el Caesarium, templo edificado por mandato de Cleopatra, pero éstos no tuvieron un destino “feliz” ya que se cree que fueron derribados o se perdieron antes de llegar a su destino final.

Afortunadamente fueron hallados, en el siglo XIX, enterrados en un buen estado de conservación, ya que el permanecer bajo tierra los protegió de erosiones, cambios climáticos y de actos vandálicos.




Fue precisamente en este siglo, cuando comenzó el intenso y aparatoso periplo de las agujas de Cleopatra con destino Londres y Nueva York.

El Gobierno egipcio quiso premiar la labor del ejército británico tras la derrota en 1801 de Napoleón, en la batalla de Alejandría. Esta derrota liberaba a Egipto del poder francés y como recompensa a la “ayuda británica”, regaló uno de los dos obeliscos gemelos al Gobierno británico.

Londres se preparaba para recibir a un nuevo inquilino, una de las agujas gemelas mandadas construir por el faraón egipcio Tutmosis III, a la otra, le esperaba otro destino más lejano, el Central Park de Nueva York.


Todo esto sucedía en 1819, cuando Mehemet Ali (considerado el fundador del Egipto contemporáneo), ofrecía la aguja a Inglaterra, quienes aceptaron y agradecieron la ofrenda pero decidieron no trasladar el obelisco hasta Londres debido a los elevados costes que conllevaba sacarlo de Alejandría.


Hubo que esperar hasta 1877, cuando Sir Erasmus Wilson financió de forma desinteresada su transporte hasta Londres, para emplazarlo a orillas del río Támesis en el Embankment, el embarcadero victoria.


Su traslado fue más complejo de lo que habían previsto. Se construyó un barco, a modo de cápsula, para albergar en su interior la enorme aguja de casi 21 metros de altura, este “barco”, denominado Cleopatra, sería “remolcado” por otro barco que lo llevaría hasta Londres por el río Támesis, pero un temporal rompió las cadenas que unían ambos barcos quedando “la cápsula” diseñada para transportar el obelisco a la deriva y con el riesgo de hundirse.

La fortuna quiso que “El Cleopatra” fuera hallado por otro vapor que lo rescataría para finalmente “alcanzar” el destino final un 12 de Septiembre de 1878, la ciudad de Londres.

En un primer momento se pensó que el mejor destino para ubicar la aguja debía ser próximo al Museo Británico, pero la distancia a recorrer por las calles de Londres hacía una labor casi imposible, una segunda opción fue cerca de la Abadía de Westminster, pero sendas complicaciones acompañaron también a esta decisión y, finalmente se optó por ubicarlo en el embarcadero victoria, a orillas del río Támesis, donde actualmente se encuentra.


Se construyó un gran pedestal para colocar sobre éste el obelisco y, antes de su colocación los ciudadanos guardaron en él “un tesoro”, cada ciudadano depositó objetos que consideró más oportunos, pero también se guardaron los mapas y diarios de la expedición y traslado del obelisco desde Alejandría hasta Londres.

Junto a él se erigieron unas efigies en bronce de estilo victoriano que “custodian” al monumento. Durante la primera guerra mundial sufrió un ataque del que se guarda constancia o así lo atestigua una de las efigies que se vio afectada por las bombas.

Mientras, otro obelisco, su gemelo, aguardaba en Alejandría su viaje con destino Nueva York.



El Gobierno egipcio hacia regalo de la otra aguja gemela al Gobierno de los Estados Unidos por su participación en la apertura del Canal de Suez y con el anhelo de establecer relaciones comerciales con la potencia mundial.

A diferencia de Inglaterra, Estados Unidos pronto inició los trámites para el traslado del obelisco gracias a la financiación del magnate del ferrocarril, William H. Vanderbilt, y no sufrió ningún accidente durante todo el trayecto.

El 20 de julio de 1880 llegaba en perfecto estado a la ciudad de Nueva York. Fueron necesarios 32 caballos y unos 112 días para recorrer las calles de Nueva York hasta su actual emplazamiento en Central Park, inaugurándose un 22 de Enero de 1881.

Al igual que en Londres, los ciudadanos neoyorkinos depositaron numerosos objetos en el pedestal erigido para soportar el enorme aguja que actualmente y, en un mal estado de conservación, puede verse en el Central Park neoyorkino.

También vemos Obeliscos en otros puntos del planeta, incluso en la Plaza de San Pedro! ¿Qué hace un símbolo claramente pagano ahí?

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