La Diosa Madre ... Mito Universal



El Arquetipo de la Madre es, sin duda, uno de los primeros símbolos de la historia de la humanidad. La importancia de este Arquetipo estriba en que constituyó la base del desarrollo de la mayoría de las religiones del planeta. Efectivamente, estudios modernos han ido verificando cada vez con mayor certeza que, en el origen de la mayoría de las concepciones mitológicas del mundo, eran Diosas las supremas deidades.

Como indica la investigadora Bárbara Walker: “A la tierra se le han dado miles de nombres femeninos (Asia, África, Europa) que corresponden a distintas manifestaciones de una misma Diosa. Diversos países llevaban el nombre de alguna antepasada o de otra manifestación de la Gran Madre: Libia, Rusia, Anatolia, Lacio, Holanda, China, Jonia, Acadia, Caldea, Escocia (Scotia), Irlanda (Eriu, Erin, Hera), fueron sólo unos pocos. Cada nación dio a su territorio el nombre de su propia Madre Tierra”.


En América, la divinidad existía bajo los nombres de Pacha-Mama o Mamanchic para los Incas; Mapu para los Mapuches; Ixchel, en el panteón Maya; Coatlicue para los Aztecas; la Sedna de los esquimales; Tacoma de los Salish; Maka Ina de los Siux Oglalas; Iyatiku de los Keres y Kokyang Wuthi de los Hopis, además de otros muchos. En Africa occidental era Mawu; Isis o Hator en Egipto; Innana, Astarté, Ishtar o Asherah en Oriente Medio; Rhea en Creta; Kubaba en Turquía, Cibeles en Grecia; Semele en Tracia y Frigia; Zemyna en Lituania; Pele en Hawai... la lista es interminable.


A este respecto, el historiador del arte Merlin Stone comenta: “No nos encontramos ante una desconcertante miríada de deidades, sino ante una variedad de títulos que son el resultado de lenguajes y dialécticas diversos, pero cada uno de los cuales se refiere a una divinidad femenina muy parecida.”[…] El Arquetipo de la Madre se vincula de este modo con los más remotos procesos de concienciación de nuestra especie.”


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