La conformidad y los experimentos de Solomon Asch


Un revelador e histórico experimento muestra con ridícula claridad cómo nuestra individualidad se diluye ante la conducta multitudinaria y cedemos fácilmente ante la presión social, aunque ésta nos haga ir en contra de nuestras creencias, valores e, incluso, de nuestra percepción. Sólo tenemos que fijarnos en las modas ... Hoy en día, la moda y la televisión nos afectan de distintas formas en la personalidad de cada cual, el no seguir una moda o una tendencia nos hace ser vistos como "raros o distintos" pero, es eso malo? Acaso ser único implica ser un "bicho raro"? Acaso es mejor ser parte del rebaño?

Veamos!

En 1962 el reconocido psicólogo Solomon Asch se confabuló con el equipo del programa Candid Camara para demostrar como las personas se conforman a la norma. La facilidad con la que una persona modifica su conducta para conformarse con la de un grupo hace pensar en que se trata de un truco o una broma, que es una farsa, pero no lo es!.

El poder que tiene la presión social para transformar nuestra conducta fue investigado por Solomon Asch en una serie de experimentos que dieron lugar a lo que se conoce como “el paradigma de conformidad Asch”. 


El Experimento ...

En este experimento, se reunía a un grupo de entre 7 y 9 personas dentro un aula. De todas ellas solo una era el sujeto crítico (sujeto al que se observaba y que era inocente, pues no conocía la dinámica real del experimento, pensando que en realidad formaba parte de un experimento de percepción visual, nada más), las personas restantes eran cómplices o colaboradores del experimentador.

La forma de proceder era la siguiente: el experimentador mostraba parejas de cartulinas ... en la primera siempre había una línea referencia (vertical) y en la segunda, 3 líneas también verticales y de diferente longitud. Los sujetos debían señalar en cada caso, de los 12 pares de cartulinas presentadas, qué línea coincidía en longitud con la de la primera cartulina. El sujeto crítico siempre contestaba en alguna de las últimas posiciones, para que así conociera previamente a decir su respuesta, las respuestas de los demás.


En los dos primeros pares de cartulinas todos los cómplices del experimentador respondían de manera correcta; en las siguientes de manera errónea y unánime en 7 ocasiones. En total participaron 35 sujetos críticos de forma experimental (debían decir su respuesta en voz alta y delante del resto de los sujetos) y 25 sujetos críticos en un grupo de control (en el que debían responder de forma secreta y por escrito). El porcentaje de error en las respuestas de los sujetos críticos en la fase experimental era del 33%, en cambio en el grupo de control se redujo notablemente hasta el 7%.

También se percibió que, aún cuando no cedía a la presión grupal y decía la respuesta correcta, el sujeto crítico mostraba un aparente malestar exterior.
El acomodarse a las respuestas de los demás no tiene tanto que ver con la imitación sino con la necesidad de reducir la disonancia entre la propia percepción sensorial del sujeto crítico y los juicios emitidos por los demás.

Entre las respuestas erróneas de los sujetos críticos se pudo comprobar que algunos de ellos, efectivamente, habían llegado a confundir su propia percepción por el juicio del resto: “si el juicio de todos coincide, debo de estar equivocado”. Otros, en cambio, aún sabiendo que su juicio era el correcto cedían a la presión grupal y decían la respuesta común pero incorrecta por el temor a ser excluidos del grupo o a ser vistos como un elemento “perturbador”.


Este experimento pone de relieve la gran influencia que tienen sobre nuestra propia elaboración de creencias y opiniones la de los demás. También muestra que en algunos casos somos fácilmente manipulables, ya que si en algo obvio y objetivo como decir que dos líneas son iguales podemos cambiar nuestra opinión o creencia por la presión del resto, si nos centramos en asuntos más subjetivos como ideales, tendencias políticas, gustos o modas (por poner algunos ejemplos) la variación de nuestros propias creencias puede ser muy elevada.

Todo esto, es una señal clara del declive de nuestro tiempo, de nuestra identidad. Hablo tanto de falta de identidad nacional como personal, pero sobremanera centrándome en esta última. Símbolo de una falta de educación, de convicciones, de riqueza espiritual y cultural, que el recorte en educación que se está produciendo, sin duda potenciará, para convertirnos en copias, mejor, en fotocopias, en borregos de una sociedad que nos impone el qué ponernos, el qué comer, el qué pensar, e incluso el con quién y en qué momento, debes estar.



2 comentarios:

  1. Qué cosas!!..me suena al famoso dicho de "dónde va vicente? donde va la gente" . Por eso la especifidad es tan difícil de encontrar hoy en día en un mundo tan manejado por los clichés sociales...un ejemplo de REBAÑO sí señorita!

    fdo. artículo1

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  2. Interesante, me sirvió para una tarea de psicología experimental. El ser humano que no tiene una buena personalidad es la que se acomoda a lo que digan o hacen los demás.

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