El Libro de los Muertos


El Libro de los Muertos es el nombre moderno de un texto funerario del Antiguo Egipto que se utilizó desde el comienzo del Imperio Nuevo (hacia el 1550 a. C.) hasta el 50 a. C.

El texto consistía en una serie de sortilegios mágicos destinados a ayudar los difuntos a superar el juicio de Osiris, asistirlos en su viaje a través de la Duat, el inframundo, y viajar al Aaru, en la otra vida.

El Libro de los Muertos era parte de una tradición de textos funerarios que incluye los tempranos Textos de las Pirámides y de los Sarcófagos, que fueron escritos sobre objetos, y no sobre papiros. Algunos de los sortilegios del Libro de los Muertos fueron extraídos de estos textos antiguos y datan del III milenio a. C., mientras que otras fórmulas mágicas fueron compuestas más tarde en la historia egipcia y datan del Tercer Período Intermedio (siglos XI-VII a. C.).

Algunos de los capítulos que componían el libro siguieron siendo inscritos en paredes de tumbas y sarcófagos, tal y como habían sido los sortilegios desde su origen. El Libro de los Muertos era introducido en el sarcófago o en la cámara sepulcral del fallecido.

No existía un único y canónico Libro de los Muertos. Los papiros supervivientes contienen una variada selección de textos religiosos y mágicos y difieren notablemente en sus ilustraciones. Algunas personas encargaban sus propias copias del libro, tal vez con una selección de los sortilegios que consideraban más importantes para su propia progresión en la otra vida.

Tales fórmulas o sortilegios mágicos se inscribían en rollos de papiro y en las vendas de lino de las momias, las paredes de las tumbas, los sarcófagos y los elementos del ajuar funerario del difunto. Sin ellas, la persona fallecida podía sufrir una segunda muerte que significaría su total aniquilación, de ahí que el valor de este texto era incalculable.



... Quienquiera que no esté iniciado, no puede entender las cosas secretas .... 
El Viaje al Más Allá ... Un camino lleno de pruebas

Los egipcios creían que el difunto emprendía un viaje subterráneo desde el oeste hacia el este, como Ra, el Sol, que tras ponerse vuelve a su punto de partida. Durante ese trayecto el fallecido, montado en la barca de Ra, se enfrentaría a seres peligrosos que intentarían impedir su salida por el este y su renacimiento. El peor de estos seres era Apofis, la serpiente.


2ª Parada: El laberinto, protegido por siete puertas (aunque hay pasajes que hablan de 21 ... Ante cada una de ellas, el difunto debía pronunciar un texto determinado, mencionando el nombre de la puerta, del guardián y del pregonero. En cada ocasión, la puerta le decía: "Pasa, pues eres puro".


Una vez pasado el laberinto, el difunto llegaba a la Sala de la Doble Verdad para que un tribunal formado por 42 jueces y presidido por Osiris evaluará su vida. Ante los dioses hacía la confesión negativa, en la que citaba todas las malas acciones que no había cometido, según se recoge en la fórmula 125: 

¡Yo os conozco, Señores de Verdad y Justicia! Yo os traigo lo Justo y he acabado con el mal. Yo no he hecho daño a los hombres. Yo no he oprimido a mis consanguíneos. Yo no he sido mentiroso en lugar de ser verídico. Yo no me he enterado de traiciones. Yo no he sido malvado. Como Jefe de hombres, yo no he hecho trabajar a ninguno cada día más de lo requerido. 

Tras la confesión, llegaba el momento culminante del juicio, aquél en que se procedía a pesar el corazón del difunto. En un plato de la balanza, sostenida por Anubis, dios chacal de la momificación, se colocaba una pluma de avestruz, la pluma de Maat, que simbolizaba la justicia; en el otro plato se depositaba el corazón, que simbolizaba las acciones realizadas por cada persona. El difunto se salvaba cuando la pluma y el corazón quedaban en equilibrio.



Finalmente, los dioses proclamaban su veredicto. Aquellos cuyos corazones hubieran pesado demasiado en la balanza eran considerados impuros y condenados a toda clase de castigos: sufrían hambre y sed perpetuas, eran quemados al atravesar un lago o cocidos en un caldero, una bestia salvaje los devoraba... Los justificados, en cambio, tenían motivos para felicitarse.

Aunque yazgo en la tierra, yo no estoy muerto en el Occidente porque soy un Espíritu glorificado para toda la eternidad, dice una fórmula del Libro de los Muertos. 

Ante ellos se abría el paraíso de los egipcios y podían ya disfrutar de la Vida Eterna ...

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