La Terraza del Rey Leproso


Este curioso monumento funerario, que no se asemeja a ningún otro de Angkor, debe su nombre a la estatua de un personaje sedente que estaba instalada en lo alto de la plataforma, y que para su mejor conservación ha sido sustituida por una réplica, custodiándose el original en el Museo de Phnom Penh. Es un desnudo masculino al que el tiempo ha mutilado una mano y un pie y que parece carecer de genitales, por lo que la imaginación popular lo ha apodado como el 'Rey Leproso'. En la tradición jemer, Jayavarman VII había contraído la lepra, y ese sería el motivo por el que mandó construir numerosos hospitales por todo su reino.


Sin embargo, la teoría largamente sostenida de que Jayavarman VII era leproso no parece tener base histórica.

Algunos historiadores piensan que la figura representa a Kubera, el tesorero de los dioses, o Yasovarman I, los cuales eran, supuestamente, leprosos. La posición de la mano, ahora desaparecida, también sugiere que estaba ocultando algo.


Otra teoría, se apoya en una inscripción que aparece en la estatua original (hoy en el Museo Nacional de Phnom Phen), en caracteres del siglo XIV o XV y que pueden ser traducidas como el equivalente del asesor de Yama, dios de la muerte o de la justicia.

También se ha sugerido que la estatua del Rey Leproso obtuvo su nombre debido a los líquenes que crecían sobre ella.


Sin embargo, otra interpretación, que deriva de una leyenda recogida en las Crónicas de Camboya, habla de un ministro que se negó a postrarse ante el rey, quien lo golpeó con su espada. Al hacerlo, su saliva venenosa cayó sobre el rey, convirtiéndolo en leproso.


Los muros del exterior están totalmente cubiertos por siete registros superpuestos ocupados por hileras ininterrumpidas de centenares de figuras sedentes en altorrelieve, que representan a divinidades en su mayoría femeninas. Nagas de siete cabezas rematan las esquinas del registro a nivel de suelo. Detrás de estos muros se esconde un estrecho y oscuro corredor que perfora las interioridades del macizo de la terraza, realizando en su recorrido los mismos quiebros que se ven en el juego de esquinas y rincones del perímetro exterior. 


Las paredes del lado más interno del pasadizo despliegan una repetición de los grupos escultóricos de las fachadas exteriores del monumento, distribuidos también en una superposición de registros. Hileras de figuras femeninas con lujosos tocados y alhajas, y de una expresión inquietante, y de tanto en tanto un asura o demonio, blandiendo una espada. Son las divinidades del inframundo.


Este sinuoso pasadizo, preñado de temibles personajes, y donde se puede uno topar también con otro ejemplar de caballo de cinco cabezas, fue descubierto accidentalmente a raíz de unas excavaciones arqueológicas, y algunos expertos creen que estaba destinado a permanecer oculto, fuera de la mirada de cualquier ser humano, al simbolizar las entrañas del monte Meru, ámbito de los seres infernales.


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