Kóre Kósmou


El libro conocido como "Kóre Kósmou" es uno de los textos que se integran en la Antología o Florilegio de Juan de Stobi, que habría vivido en Macedonia entre los siglos V y VI d.C. En él se nos habla de la existencia de dos mundos, el que está arriba (el cosmos) y el que está abajo (nuestro mundo), afirmándose que solamente a través de la revelación puede el hombre llegar a conocer el modo en que el mundo superior ha sido ordenado.


Isis y Osiris habrían instituido en la tierra unos misterios o funciones sagradas que, en suma, vendrían a significar la prolongación en nuestro mundo de los misterios del cosmos o mundo superior. El Kóre Kósmou nos muestra que Isis y Osiris fueron considerados en el mundo antiguo como dioses que emanando del Supremo habrían realizado en la tierra, en un momento en que los hombres estaban inmersos en el salvajismo más feroz, tres tipos de funciones: 


1) De un lado, son dioses a los que se reconocen los atributos civilizadores usuales: acabaron con los asesinatos mutuos; dieron leyes, alimentos y abrigo a los hombres; crearon las artes y las ciencias; consagraron templos...

2) Isis y Osiris, además, habrían ofrecido esperanza a los hombres en relación con la tremenda cuestión de la vida y la muerte: Enseñaron a amortajar debidamente a los difuntos (rituales de momificación); igualmente, a través de la filosofía y la magia mostraron que el hombre podía fortalecer su alma y gracias a la medicina enseñaron que el enfermo podía restablecer la salud de su cuerpo.

3) Finalmente, esta pareja de dioses se nos muestra como transmisores de conocimientos de tipo iniciático. En efecto, ellos habrían sabido interpretar los conocimientos secretos de Hermes, grabando algunos de ellos en estelas y obeliscos, y, además, habrían instituido las funciones sagradas como exacta prolongación de los misterios divinos. Dentro de ese componente iniciático se nos dice que Isis y Osiris conocían la influencia del aliento exterior en el cuerpo de los hombres, algo que, en nuestros tiempos, apenas llegamos a intuir. Posiblemente este aliento exterior (la energía del cosmos, emanada de Dios) que introduce la “chispa” de la vida en el cuerpo y en el alma de los hombres viene a ser lo que los antiguos egipcios conocían como ka.



Finaliza el Kóre Kósmou poniendo en boca de Isis, que se dirige nuevamente a su hijo Horus, las siguientes palabras: “Después de haber llevado a cabo todas estas cosas, hijo, Osiris y yo, al ver que el mundo estaba ya perfectamente equipado, fuimos reclamados en lo sucesivo por los habitantes del cielo. Pero no nos era posible regresar antes de haber invocado al monarca, de modo que lo envolvente llegara a estar lleno de esta misma doctrina y tuviéramos la fortuna de una buena acogida en nuestra ascensión. Dios, en efecto, se alegra con los himnos”.

“Oh madre”, dijo Horus, “concedemé a mí también la gracia de conocer ese himno, para que no sea un ignorante”. E Isis contestó: “Escucha, hijo.....”

La revelación de los secretos del cosmos es algo que solo es accesible a los iniciados en los misterios. Hermes, que lo conoció todo, habría grabado esos misterios en libros sagrados que quedaron luego silenciados y ocultos, constituyéndose desde entonces en objeto de búsqueda por parte de las generaciones que habrían de ir naciendo.


El "Kóre Kósmou" nos dice que a Hermes "le vino a la mente la precisa decisión de depositar los sagrados símbolos de los elementos cósmicos cerca de los secretos de Osiris". Luego habría ascendido a los cielos, exclamando antes ...

"Oh, libros sagrados, que fuisteis creados por manos incorruptibles y ungidas con el filtro de la inmortalidad, vosotros sobre quienes tengo poder, permaneced incólumes e incorruptibles por el transcurso de toda la eternidad haciéndoos incontemplables e indescifrables para todo aquél que vaya a recorrer las llanuras de esta tierra, hasta que el anciano cielo haya dado a luz sistemas dignos de vosotros, que el creador denominó almas".

Es decir, según las creencias herméticas, Hermes habría conocido los secretos del cosmos en un momento en que todavía no existían, siquiera, las almas y, por tanto, menos aún los hombres. La revelación de esos misterios sólo podría ser accesible para las almas una vez que estas fueran creadas por el Supremo. 



El hombre, en cuanto compuesto de cuerpo y de alma, no podrá acceder a esa revelación salvo que el alma consiga aflorar y prevalezca sobre la materia del cuerpo. Desde la pura materia, en las creencias herméticas, no es posible acceder a la revelación. A través de la iniciación solamente las almas más puras podrán acceder al conocimiento sagrado.

1 comentario:

  1. Está claro que las figuras de Isis y Osiris eran transmisoras de unos conocimientos bastante profundos y fuera del alcance de los que ahora conocemos.

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