El círculo de Goseck, Alemania


Un enorme círculo oscuro se dibuja en un sembrado cerca de la ciudad de Goseck, en la provincia de Sajonia-Anhalt, Alemania. No se trata de un simple “círculo de las cosechas” hecho por estudiantes bromistas.

Representa los restos del observatorio astronómico más antiguo que se conoce, de al menos 7.000 años de antigüedad. Este primitivo pero exacto observatorio sugiere que las gentes del Neolítico y de la Edad del Bronce fueron capaces de hacer mediciones astronómicas mucho antes de lo que se creía y con muchísima más precisión de la que los científicos modernos imaginaban.

Los arqueólogos lograron determinar la antigüedad del Círculo de Goseck en agosto de 2003. Descubierto por el piloto de un avión, el círculo tiene 75 metros de diámetro.

Originalmente consistía en cuatro círculos concéntricos, un montículo en el medio, un foso y dos empalizadas del alto de una persona. Tenía también tres puertas, orientadas al sudeste, al sudoeste y al norte. Si uno se para sobre el túmulo central en el día del solsticio de invierno (21 de diciembre en el Hemisferio Norte), verá salir el sol por la puerta sudeste y ocultarse exactamente por la puerta sudoeste.

No se ha descubierto la función de la puerta norte. Aunque las observaciones aéreas han descubierto al menos 200 de estos observatorios dispersos por toda Europa, la estructura de Goseck es la más antigua y la mejor conservada de las veinte excavadas hasta ahora, y la primera cuya función astronómica es tan clara que fue evidente desde un principio. Dentro del complejo se encontraron restos de cerámica con diseños lineales, lo que sugiere que, si son contemporáneos del círculo en sí, el mismo fue construido en 4900 a.C. Para darse una idea de lo que esto significa, el Período Arcaico de Egipto comenzó en 3050 a.C., 1850 años después de la construcción del Círculo de Goseck, y en Medio Oriente recién comenzaban a alzarse los Sumerios.

También este sitio presenta una característica única: todos los círculos europeos tienen cuatro puertas. Sólo Goseck tiene tres.Las dos “puertas del solsticio” están separadas por 100º de arco, y esta separación se corresponde con la imagen grabada en un disco de bronce que fue desenterrado en la cima de una colina a 25 km. de distancia, cerca de la ciudad de Nebra.



El Disco de Nebra, que data de 1600 a.C. (33 siglos más moderno que el Círculo de Goseck), es la primera representación conocida del Universo visible: muestra en su superficie una luna creciente, un círculo (aparentemente una luna llena), un grupo de siete estrellas que han sido interpretadas como las Pléyades, varias otras estrellas dispersas, y tres arcos dispuestos con el mismo ángulo que los portales de Goseck.

Los arcos opuestos, separados por 82,5°, representan las posiciones del Sol en la salida y la puesta. Los puntos más bajos de los dos arcos están separados por 92,5°, lo que representa con exactitud la diferencia entre la puesta y la salida del Sol en Alemania Central por el tiempo en que se supone que fue construido el observatorio. Wolfhard Schlosser, de la Universidad del Rühr en Bochum, manifiesta que, a causa de que la posición del Sol en el solsticio se ha desplazado ligeramente en los últimos milenios, la separación entre los dos puntos es, hoy, algo más amplia que la que muestran el Círculo de Goseck y el Disco de Nebra.

Excavaciones realizadas en las cercanías de Goseck han exhumado cabañas de madera y arcilla, y encontrado una amplia variedad de granos, así como pruebas de la domesticación de la cabra, la oveja, el cerdo y la vaca. Los granjeros llegaron a Europa Central sólo 500 años antes de la construcción de Goseck. Aunque deben haberse ocupado de medir solamente los movimientos del Sol, a lo largo de los milenios comenzaron a interesarse en la cuantificación del ciclo lunar y el desplazamiento de las constelaciones. Las Pléyades, que desaparecen del cielo boreal en primavera y reaparecen a principios del otoño, siguen señalando los ciclos agrícolas para muchos granjeros de todo el mundo.

El Disco de Nebra, a pesar de haber sido catalogado como “objeto ritual”, seguramente,dada su precisión, se utilizó como instrumento astronómico y de cálculo, usado en conjunción con Goseck o un círculo similar, para poder determinar con exactitud el momento de la siembra y la cosecha. “Las ruinas de Goseck y el hallazgo del Disco de Nebra están íntimamente ligados”, declaró Schlosser.

François Bertemes, de la Universidad de Halle-Wittemberg, afirma que el tercer arco del Disco de Nebra es una representación legendaria, que muestra la estilización de una canoa o barco. Los antiguos no podían entender cómo era que el Sol se ocultaba por el oeste y volvía a salir por el este al día siguiente. Hay muchas representaciones del disco solar transportado en un barco o bote a través del cielo nocturno, y se las encuentra a lo largo y a lo ancho del mundo, desde el Egipto de la Edad del Bronce hasta los países escandinavos.



El disco de Nebra es la primera prueba de tal creencia en Europa Central. Bertemes dice que no es sorprendente que los granjeros neolíticos, atados de por vida a su tierra, hayan recibido de los viajeros extranjeros no sólo creencias mágicas o religiosas sino también tecnología, como por ejemplo la construcción de barcos. La utilidad del tercer portal de Goseck permanece en el misterio: apunta al norte, pero no con la exactitud de los otros dos. Tal vez no tuviese nada que ver con la astronomía, si es que la construcción cumplía con otras funciones aparte de las de un observatorio.

Junto con cerámicas y puntas de flecha, se han encontrado en Goseck cabeza de buey decapitadas, que aparentan haber estado clavadas en lo alto de postes o picas. También se encontraron restos de dos esqueletos humanos, a los que se les retiró toda la carne antes de enterrarlos. Esqueletos parecidos, muchos de ellos con señales de cortes o con puntas de flecha incrustadas en la nuca, se han hallado en otros círculos similares, pero los arqueólogos no se ponen de acuerdo acerca de si esto significa que en los círculos se efectuaban también sacrificios humanos o extraños ritos funerarios, los cuales, de haber existido, incluían liturgias tan crueles como cortar la cabeza del muerto y arrancarle los músculos de los huesos. 


“Aquí no sólo se determinaba el ciclo solar, sino que tenía lugar la vida social, es decir reuniones y rituales”, manifestó Bertemes.

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