Taklamakan, China


Una de las regiones arqueológicas más notables del mundo es poco conocida y rara vez visitada. En gran medida ello se debe a su lejanía, en el noroeste de China. Pero su descubrimiento se remonta a comienzos del siglo XX, cuando el explorador y geógrafo sueco Sven Hedin y una dotación de cinco personas que habían emprendido un viaje de inspección y cartografía del vasto y traicionero desierto de Taklamakan, dieron con unas ruinas.


Los útiles y utensilios neolíticos desenterrados en la región de Lop Nor del desierto demuestran que allí vivieron cazadores-recolectores ya por el 8.000 a.C., cuando el clima era más salubre que en la actualidad. Otras pruebas obtenidas en Taklamakan rastrean el desarrollo de la región a través de la Edad del Bronce hasta tiempos históricos.

La magnífica conservación de los artefactos procedentes de Taklamakan es resultado de las duras condiciones climáticas que engulleron tanto a individuos como a ciudades. La arena del desierto actuó como un deshidratante, haciendo que los cuerpos enterrados se momificaran de forma tan completa que todos los rasgos físicos permanecieron intactos. Los artículos funerarios, como las telas, los implementos de madera y la cestería, que en otras partes se habrían descompuesto, también fueron preservados. Quizá los hallazgos más importantes sean los documentos, muchos de ellos encontrados por el explorador británico Aurel Stein, a comienzos del siglo XX. 


Escritos en tablillas de madera y en papel en caligrafía china e india, las cartas y los registros legales de entre 1.500 y 1.700 años de antigüedad dan voz a un pasado por lo demás mudo, infundiéndole una dimensión personal que ni siquiera los artículos más íntimos pueden conferir. 

Las tumbas en la periferia de los desiertos de Taklamakan y Lop, algunas con 4.000 años de antigüedad, contenían vestigios fascinantes de la vida cotidiana de sus antiguos habitantes: desde mantas de lana, ropa de piel de oveja y zapatos de cuero, hasta vasijas de madera y cestas de hierba entretejida. 

Pero el túmulo funerario del así llamado Círculo Sagrado y Río Kongque, 42 grupos de tumbas excavadas en 1979, también testimonian un sistema de creencias: la presencia de granos de trigo y figuritas con aspecto de diosa sugerían una desarrollada preocupación por la otra vida. Las mismas tumbas exhibían una orientación de este a oeste, y los cuerpos estaban tendidos de manera cuidadosa y consistente.

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