Puertas mágicas ... Alquimia


Cuenta una leyenda recogida por el abad Francesco Girolamo Cancellieri en una de sus obras (Sopra la statua del Discobolo scoperta nella villa Palombara, 1806), que cierto día, allá por el siglo XVII, un misterioso peregrino llamó a las puertas del Palacio Riario, hogar en Roma de la reina Cristina de Suecia, quien había establecido su residencia en la ciudad tras convertirse al catolicismo y abdicar del trono de su país.

La reina estaba por aquel entonces muy interesada en la alquimia, llegando incluso a establecer un moderno laboratorio para realizar tales prácticas, en compañía de los alquimistas más célebres del momento. Retrato de Cristina de Suecia. El extraño peregrino solicitó a Cristina que le permitiera utilizar su laboratorio, con la intención de descubrir la Piedra Filosofal. La reina accedió, y el misterioso personaje pasó algunos días trabajando, hasta que cierta jornada le explicó a la reina que debía salir en busca de una hierba de propiedades mágicas que le permitiría terminar su trabajo. El alquimista le pidió además un lugar donde ocultar dos vasos de licor que, una vez obtenida la hierba, darían lugar al oro. Así se hizo, y el brebaje se guardó bajo dos llaves. Una de ellas se la quedó la reina y la otra el alquimista.

Éste partió en busca de la hierba y, tras varios días sin noticias de él, la reina comenzó a impacientarse. La reina, molesta por no saber nada de su protegido, ordenó que rompieran la caja fuerte para hacerse con el preciado líquido alquímico de su interior. Cuando al fin lograron abrirla, encontró uno de los frascos lleno de oro sólido y el otro con plata. Algún tiempo después, el marqués Massimiliano Palombara, también alquimista y amigo de Cristina de Suecia, vio a un desconocido que curioseaba en el jardín de su mansión, como si buscara algo entre las plantas. Cuando los empleados del marqués le sorprendieron, el hombre explicó que estaba buscando una planta con la que obtener el oro. El marqués se mostró muy interesado en aquel personaje, pues ya conocía lo ocurrido en el palacio de Cristina. Así que le hizo pasar y le invitó a seguir sus estudios alquímicos en su laboratorio.


Ante la atenta mirada del marqués, el misterioso peregrino se puso manos a la obra, mezclando la hierba con otros materiales, y le dijo a Palombara que a la mañana siguiente le explicaría el secreto de la Piedra Filosofal. Sin embargo, cuando amaneció, el marqués encontró la puerta del laboratorio cerrada. Cuando consiguieron abrirla, el alquimista misterioso había escapado por una ventana. Pero no todo estaba perdido.

En el suelo encontraron restos de oro, y sobre la mesa unos pergaminos repletos de símbolos extraños, que son los que hoy pueden verse grabados sobre la Puerta Mágica de Roma. El relato anterior es, como digo, una leyenda, que surgió entre la población romana para dar explicación a la existencia de la citada Puerta Mágica (o Alquímica), situada en la Plaza Vittorio Emmanuele de Roma. En el libro explico cuál fue el auténtico origen del enigmático portal, y las diversas hipótesis que se han propuesto para explicar su oscuro significado.

Sin duda alguna, constituye un magnífico ejemplo de obra de arte cargada de simbolismo hermético y, además, del gran interés que algunos monarcas y miembros de la aristocracia manifestaron en su día por diversas disciplinas y creencias poco ortodoxas. La Puerta mágica de Roma no es la única "puerta" de estas características que existe en Italia. En la pequeña localidad de Rivodutri existe un umbral similar, conocido como Arco Alchemico o Porta di Nicolò, y que guarda ciertas semejanzas.


Por desgracia, los datos que existen sobre esta otra puerta no son muchos, y los interrogantes que genera son numerosos. De todos modos, eso no impide que podamos disfrutar de su belleza y de los numerosos símbolos herméticos que en ella se representan.

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