La lanza del destino


La lanza del destino es un objeto cuya leyenda ha traspasado los siglos a través de algunas de las personalidades más poderosas de sus respectivas épocas. El único Evangelio que recoge este episodio es el Evangelio de San Juan, con estas palabras...

"Los judíos, como era la preparación de la Pascua, para que no quedaran los cuerpos en la cruz el sábado , rogaron a Pilato que se les quebraran las pierna y los quitaran.

Vinieron ,efectivamente, los soldados, y quebraron las piernas al primero y luego al otro que había sido crucificado con él. Mas al llegar a Jesús y verlo muerto, no le quebraron las piernas; pero uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza y seguidamente salió sangre y agua. Quién lo ha visto da testimonio , y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad para que vosotros creáis. Todo esto ha sucedido para que se cumpliera la Escritura: "No se le romperá hueso alguno" Y también otra Escritura que dice "Verán al que traspasaron" (Juan 19,31-38).


Cuando hablamos de la Lanza del Destino , podemos referirnos a cuatro diferentes. Una de ellas se conserva en el Vaticano y cuya presencia en Roma es mencionada por vez primera por el filósofo romano Casiodoro. En la actualidad, se conserva en la Basílica de San Pedro y la Iglesia no se ha pronunciado sobre su autenticidad.

Otra de las lanzas se halla en Armenia, en la localidad de Etschmiadzin que le presta su nombre a la Lanza. Esta habría sido hallada por un místico francés que acompañaba a los cruzados en su camino hacia Jerusalén, llamado Pedro Bartolome o Pedro el Ermitaño, al que muchos de los dirigentes de la Cruzada consideraban un loco o un charlatán. El caso es que dijo haber recibido un mensaje de San Andrés en el que le indicaba el lugar donde se hallaba la Sagrada Lanza, bajo el suelo de la iglesia de San Pedro de Antioquía.


Una tercera lanza se encontraría en la ciudad polaca de Cracovia , de la que se tiene referencia documental desde el año 1200 , pero no es más que una copia con algunas astillas de madera originales de la otra Lanza Sagrada que se conserva en Viena y que es la protagonista de nuestro relato, la fue fue pasando de mano en mano entre los sucesivos emperadores del Sacro Imperio.

Pero regresemos de nuevo al pasado para seguir la pista de la Lanza Sagrada. Después de la muerte de Jesús, la Lanza debió permanecer en la armería de las legiones acuarteladas en Jerusalén hasta el inicio de la rebelión judía en el año 66 , cuando asaltaron los cuarteles romanos, una rebelión sofocada por el futuro emperador Tito, el mismo que arrasó el Templo de Salomón. Lo cierto es que la Lanza desaparecería durante tres siglos.

Ya en el siglo IV , Elena (249-329), madre del emperador Constantino I el Grande (272-337), viajó a Jerusalén impulsada por su fervor religioso para buscar la tumba de Jesús y las reliquias de su calvario. Parece ser que halló una tumba bajo el suelo de un templo consagrado a la diosa Venus, que atribuyó a Jesús y en ella habría encontrado varios de los elementos utilizados en la ejecución de Jesús, como la corona de espinas, los clavos , la cruz de madera utilizada en la crucifixión y la propia Lanza Sagrada .

Sobre esta tumba se construiría la conocida como Iglesia del Santo Sepulcro. Elena, posteriormente canonizada por la Iglesia, llevó estas reliquias a Roma , excepto la Lanza Sagrada, que se quedó en Jerusalén. Sin embargo, hay historiadores que creen que sería utilizada por el emperador Constantino para trazar los límites donde iba a construir su nueva capital, Constantinopla o Nova Roma, a la que puso bajo la protección de diferentes reliquias, entre ellas la Lanza Sagrada.

Parece que la Lanza regresó a Jerusalén hasta el saqueo de la ciudad por los persas en el año 614, cuando el Imperio Romano de Occidente había desaparecido y sobrevivía el Imperio Romano de Oriente bajo el nombre de Imperio Bizantino. Pero según nos cuenta una obra griega escrita hacia 630, el "Chronicon Pascale", cuando Jerusalén fue saqueada por las tropas del persa Cosroes II se pudo arrancar la punta de hierro de la Lanza para ponerla a salvo en Constantinopla, en la catedral de Santa Sofía, construida por el emperador Justiniano el Grande un siglo antes y convertido en el mayor templo de la cristiandad de su época. El asta de la Lanza permaneció en Jerusalén.


Con la Lanza dividida pero con el poder intacto de su valor simbólico, nos trasladamos a la Europa de comienzos del siglo IX , gobernada por el primer emperador del Sacro Imperio, Carlomagno (aproximadamente 742-814), el monarca más poderoso de la cristiandad en su tiempo.

No sabemos como llegó hasta las manos de Carlomagno. Una de las historias nos dice que la había recibido de manos de su abuelo, Carlos Martel, quién en 732 había frenado el avance musulmán hacia el interior de Europa al derrotarlos en la batalla de Poitiers, victoria atribuida a la posesión de la Lanza. Mientras que otra nos cuenta que el papa se la habría entregado a Carlomagno asegurándole que era la que llevaba Constantino en las batallas y cuya posesión le aseguraba su victoria .

Sin embargo, a esta Lanza la acompañaba una leyenda que rezaba "Aquel que la pierda morirá". Parece que un día, siendo ya anciano, en 814, a Carlomagno se le cayó la lanza al suelo mientras cruzaba un arroyo y poco después murió y el Imperio que había construido en el corazón de Europa, se dividió entre sus hijos.

La lanza pasó a manos de uno de los nietos de Carlomagno, Luis el Germánico(806-876), al que le correspondería la parte del Imperio Franco llamada Reino Franco Oriental y que hoy conocemos como Alemania. Durante los siglos siguientes la Lanza permanecería en poder de los monarcas alemanes . El primero en hacer ostentación de la Lanza y su poder fue Enrique I el Pajarero (876-936 ), considerado el fundador del conocido como Sacro Imperio Romano Germánico, aunque él no llego a ostentar la dignidad de emperador. Si lo hizo su hijo Otón I el Grande(912-973), quién sería coronado emperador por el papa Juan XII en 962 después de que en 955 obtuviera una aplastante victoria sobre los húngaros que amenazaban sus territorios en la batalla de Lechfeld. Para celebrar esta gran victoria, Otón repartió una copia del arma a los reyes de Hungría y de Polonia con una parte pequeña de la lanza original.

Durante los siglos siguientes la Lanza sufriría pequeñas modificaciones como el supuesto clavo usado en la crucifixión que le añadiría Otón III(980-1002) para aumentar su poder y en 1350 el emperador Carlos IV(1316-1378) añadió en oro la inscripción "Lancea et Clavus Domini"(Lanza y clavo del Señor). La Lanza seguiría unida a la monarquía germánica del Sacro Imperio , pero con el siglo XVIII y la llegada de la Ilustración, la creencia en el valor sagrado y mágico de las reliquias casi desapareció. El Sacro Imperio Romano Germánico se extingue en 1805 para transformarse en el Imperio Austro Húngaro y a lo largo de este siglo XIX vuelve a despertarse el interés por las leyendas del pasado gracias al Romanticismo. 


El compositor alemán Richard Wagner (1813-1883) utilizaría la leyenda sobre el poder sagrado de la Lanza del Destino en su última obra "Parsifal", estrenada en 1882, una obra llena de referencias mágicas y místicas, y una de las obras que cimentan el nacionalismo alemán de este siglo.

No sabemos si fue asistiendo a esta ópera en Viena en 1912, o tres años antes, en 1909, cuando un joven llamado Adolf Hitler (1889-1945), que malvivía en la capital austríaca después de fracasar en sus intentos por entrar en la Academia de Bellas Artes vienesa, vio en las vitrinas del Museo de Hofburg la Lanza Sagrada que produjo sobre él una profunda fascinación.

Según relataría después "Me sentía como si la hubiese sostenido en mis manos en algún siglo anterior, como si yo mismo la hubiera reclamado para mi como talismán de poder y hubiera tenido el destino del mundo en mis manos. ¿Cómo era posible aquello? ¿Qué clase de locura se estaba apoderando de mi mente y estaba creando tal tumulto en mi pecho?"

Uno de sus pocos amigos en Viena, el doctor Walter Stein (1891-1957), al que debemos buena parte del conocimiento de estos años de Hitler en Viena, escribe "Cuando le vi frente a la lanza del Destino me pareció que Hitler caía en un profundo estado de trance, aislado sensorialmente del mundo exterior, sin tener siquiera conciencia de si mismo".

Durante estos años Hitler profundizó en el estudio de las leyendas germanas y entró en contacto con místicos como Jörg Lanz Liebenfels (1874-1954), fundador de la Orden de los Nuevos Templarios ,a su vez discípulo de Guido von List(1848-1919) que en el siglo XIX adoptó la esvástica como símbolo de estas nuevas corrientes paganas germánicas y que luego se convertiría en el emblema del Partido Nazi.Liebenfels había publicado una obra titulada "Teozoología" donde defendía la esterilización de los enfermos y todos aquellos a los que consideraba razas inferiores al tiempo que consideraba a la raza aria como los hombres dioses o Gottmenschen, dándole un origen bíblico a esta afirmación, pues según él cuando Eva se unió al demonio los frutos de esta relación fueron las razas inferiores.


El propio Liebenfels escribiría en 1932 "Hitler es uno de nuestros alumnos y llegará el día en que él, y a través de él nosotros, salga victorioso y desarrolle un movimiento que hará temblar el mundo". Cuando años después, en 1938, Hitler anexionó Austria a Alemania, viajó hasta Viena, y después de un recibimiento multitudinario, se dirigió al Museo de Hofburg para coger la Lanza del Destino y encerrarse durante varias horas a solas con la Lanza.

Después de seis años de horror, la II Guerra Mundial llegaba a su final. La Lanza del Destino y su supuesto poder, reposaban en un búnker secreto de la capital espiritual del III Reich, Nüremberg. El 30 de abril de 1945 las tropas americanas entraban en el búnker y hallaban la Lanza del Destino, ese mismo día en Berlín, Adolf Hitler se suicidaba pegándose un tiro en la cabeza.

Quizás en aquellos momentos pasaba por la mente de Hitler la leyenda sobre la maldición de la Lanza del Destino "aquel que la pierda morirá".


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