Ciudadela sasánida de Bishapur



Bishapur fue construida por Shapur, hijo y sucesor de Artajerjes I, a orillas del rio Shapur. En los laterales del citado río, tallados en la roca, hay constancia del triunfo que este rey tuvo sobre Roma, matando a Gordino III, rindiendo a Filipo el Árabe, y capturando al emperador romano Valeriano, al que tuvo prisionero en Bishapur.



Tras la notable victoria de Shapur I sobre Valeriano, hacia la mitad del siglo III, el monarca sasánida decidió, como hiciera su padre, levantar una ciudad nueva, en la Parsua. Sobre un magnífico oasis de la región del Fars y bajo una cuadrícula hipodámica, nació Bishapur en la que en el barrio palatino se construyeron, al menos dos palacios unidos por grandes patios, "patio de los tres iwanes" y una importante "torre del fuego", de la que quedan bastantes restos de sus ruinas.



  • La civilización sasánida es una de las menos conocidas de la dilatada historia persa, aun siendo una de las más importantes de su historia. Se desarrolló en Irán durante la Antigüedad Tardía, entre los siglos III y VII d.C., un período comprendido entre los estertores de la Edad Antigua y los albores de la Edad Media.


La dinastía sasánida, que dio nombre a esta civilización, gobernó Persia desde 226 a 651 d.C. y constituyó un imperio que se extendió por todo Oriente Medio, desde el Mediterráneo hasta Asia Central, rebasando las fronteras del actual Irán. El advenimiento de esta dinastía fue consecuencia de la rebelión del príncipe persa Ardashir I contra el rey arsácida Artabán V, último regente del decadente imperio parto muy abierto a la cultura helenística. 



Esta reacción supuso el renacimiento de la antigua civilización aqueménida y la restauración del mazdeísmo o zoroastrismo que en época sasánida se convirtió en religión de estado, a semejanza de lo que ocurrió con el cristianismo en el Imperio Romano por las mismas fechas.La restauración de la religión mazdeísta implicó la rehabilitación del “culto al fuego”. No es que se adorase al fuego como tal, sino a la pureza y a la energía del creador que éste representa, siendo un símbolo de Ahura Mazda, la deidad suprema del zoroastrismo. El fuego es un trasunto del sol, sustento de toda forma de vida.


El arte sasánida tiene un marcado carácter iranio, pero que bebió, sin embargo, de otras fuentes, del este y del oeste, adaptando los estilos foráneos a su propia imaginería. Y que, de la mano del imperio, llegó muy lejos en su irradiación más allá de las fronteras de Persia.


La arquitectura alcanzó a menudo proporciones monumentales, como puede todavía apreciarse en las ruinas de los palacios de Ctesifonte, Firuzabad y Sarvestan, en los actuales Iraq e Irán.



Entre las obras de arte sasánida que mejor han sobrevivido a los estragos del tiempo destacan sus magníficos relieves rupestres, esculpidos en los remotos acantilados y roquedos de las montañas de Persia.


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