El misterio de la Chinkana Inca


Las chinkanas son cuevas que se encuentran en la ciudad del Cusco, en la zona conocida como Sacsayhuaman. La leyenda sobre estas cavernas o cuevas data desde la época de los Incas y aún está vigente en nuestros días.

En Sacsayhuaman existen dos chinkanas, una pequeña de corto trayecto y una chinkana más grande ubicada a unos 200 metros la cual no es accesible para nadie. Es justamente en esta donde recaen varios mitos conocidos por los lugareños. Las historias varían según las personas que los narran pero todas confluyen en que las redes de cavernas comunican también con el templo de Qurikancha, incluso se dice que nace en este lugar.

Una de las leyendas que hablan sobre esta cueva, dice que dos osados aventureros se arriesgaron a ingresar en la llamada “chinkana grande”, situada en Sacsayhuaman, cerca del lugar denominado el “Rodadero”.

Lo que vieron o encontraron nadie lo sabe con exactitud. Pasados varios meses, uno de ellos apareció, surgiendo de la parte subterránea de la catedral de la ciudad imperial; sus ropas estaban hechas jirones, había envejecido notablemente y lucía una desgreñada barba, como si hubiesen pasado años en vez de meses desde que inició su extraña travesía. Tenía la mirada perdida, como la del que pierde el norte, de modo que nunca pudo aclarar qué fue lo que sucedió durante ese tiempo.


Pero hubo algo que dejó impactados a quienes lo vieron, y era lo que llevaba este hombre en sus manos ...  una enorme mazorca (de maíz) de oro macizo.

El misterio nunca se aclaró, ya que a los pocos días este hombre falleció.


Aunque no es el único caso ...

En 1624, tres hombres, Francisco Rueda, Juan Hinojosa y Antonio Orué, entraron en la Chinkana Grande por la parte de 
 Sacsayhuaman. Su intento despertó enorme expectación en Cusco y fueron muchos los curiosos que les acompañaron hasta el lugar. Se ataron al extremo de una larga cuerda y el otro lo dejaron al cuidado de los testigos. Desaparecieron en el interior y nunca más volvió a saberse de ellos.

La primera intentativa científica la realiza en 1923 un equipo de espeleólogos colaborando con la Universidad de San Marcos de Lima. Penetran en los túneles trapezoidales por una entrada en 
Sacsayhuaman, realizando mediciones en las grietas subterráneas y avanzando en dirección al litoral.

Después de algunos días, los miembros de la expedición que habían permanecido en la entrada de los túneles perdieron contacto con los que habían avanzado tierra adentro y no hubo ninguna comunicación entre ellos durante doce días. Pasado este tiempo apareció milagrosamente uno de los exploradores en pésimas condiciones físicas.

Los relatos que refirió, dejaron estupefactos a los testigos: habló de interminables laberintos y de terribles obstáculos, y sus descripciones fueron de tal naturaleza que sus propios colegas decidieron silenciarlas para que no se pensara que el pobre hombre se había convertido en un demente. Sus compañeros nunca regresaron y el caso quedó archivado en el anonimato.

¿Podría tener esto una conexión con la misteriosa puerta de Aramu Muru (Hayumarca)?

La “puerta” es un cuadrado de 7 metros de lado en cuya parte inferior, en el centro, hay una sección hueca sin salida, suficientemente amplia para que se introduzca una persona, la cual, según las creencias de los Aymara, conduce al mundo de los espíritus. Para poder abrirla, sería necesario encontrar el Disco Solar que en tiempos de antaño estaba guardado en el Templo del Sol de Quricancha pero que a la vista de que los conquistadores españoles andaban cerca, su custodio, un sacerdote inca, se llevó el disco, y se fue a las montañas durante varios años. 

Finalmente, llegó al “portal” y lo atravesó, entrando en otra dimensión y llevándose consigo el disco solar de oro, preservándolo así de la furia saqueadora de los conquistadores.

No hay comentarios:

Publicar un comentario