El enigmático Reino de Kush y sus faraones negros


El Reino de Kush forma una parte importante de la historia de Nubia en la época de las antiguas civilizaciones de Egipto, Roma y Grecia.

La historia recoge diversos nombres para los habitantes de la región, los cushitas: los egipcios los llamaron nehesyw (negros), Eratóstenes recoge el nombre nubai (nubios), los griegos y romanos los denominaban etíopes (los del rostro quemado).

Nubia se dividía en dos grandes sectores, Wawat al norte y Kush al sur. 


Kush era una región situada a lo largo del valle del Nilo que comprendía el sur del actual Egipto y se extendía por el norte del actual Sudán. Era rica en materias primas, sobre todo en oro, así que los egipcios desde muy pronto ambicionaron explotar estos recursos. Textos egipcios relatan, desde tiempos del faraón Narmer las expediciones hacia Nubia, pero fue en la era del Imperio Medio de Egipto, cuando conquistaron la Baja Nubia.

Desde Mentuhotep II se emprendió la campaña y desde Sesostris I la conquista se puede considerar concluida. En el decimoctavo año del reinado de este último se condujo una campaña contra Nubia en la que se menciona por primera vez el nombre de Kush. La conquista fue en esta etapa puramente militar: control de recursos y creación de un área tapón controlada por numerosas fortificaciones.


En el Segundo periodo intermedio de Egipto (1780-1580 a. C.) los egipcios pierden el control de la zona: aprovechando la invasión de los hicsos, los nubios destruyeron los fuertes y liberaron el país. Surgió entonces en Kerma (al sur de la tercera catarata) una poderosa dinastía local, que la convertiría en capital del Reino de Kush.

En documentos de la época de Kamose (último rey de la Dinastía XVII) se considera el espacio nubio/egipcio dividido en tres áreas independientes: el reino de Kush, el Alto Egipto y el reino hicso en el delta del Nilo. Se conservan incluso evidencias de acuerdos diplomáticos entre hicsos y kushitas contra Egipto.


Entre los elementos que pueden considerarse propios de la cultura kushita, se encuentran:

La destacada presencia femenina, que se manifiesta en la persona de la kandake (kdke/ktke), quizá hermana del rey, que posee rentas y funcionarios propios, y en la existencia de varias mujeres que llegan a ocupar el trono, ignoramos si en su carácter de viudas de reyes o regentes de menores de edad.

Una teoría de la sucesión dinástica que al parecer considera heredero del trono al mayor de los miembros varones de la familia real, anticipando el uso consuetudinario de linajes árabes y los califas abásidas de Bagdad, y que resulta en los frecuentes casos de hermanos o primos sucediéndose en el trono.



En lo que respecta a la religión encontramos la presencia de dioses autóctonos desconocidos en Egipto.
 Apedemak, es la personalidad preponderante como protector de la monarquía, y se lo representa como un combatiente portando espada, lanza, arco y flechas, o aniquilando a los enemigos. También es portador del sustento vital, y aparece entregando al rey el ankh. Aparece con triple cabeza y dos pares de brazos en un relieve del Templo de Naqa. Sebiumeker y Arensnufis son dos dioses que aparecen siempre juntos, en figura humana. Aunque en Sebiumeker pueden encontrarse atributos de Atum.


Arquitectura civil: un elemento totalmente sin parangón en la región del Nilo es el hafir, reservorio para agua potable que aparece en sitios de la Butana. Se trata de una excavación aproximadamente circular de hasta 250 m de diámetro, con el piso alisado y rodeada con muros de hasta 15 m de alto, destinada a almacenar el agua de ocasionales lluvias procedente de regiones montañosas, para su empleo en la temporada seca. Se ha señalado su posible vinculación con estructuras similares de Arabia.

Arquitectura funeraria: si bien los kushitas adoptaron la pirámide como monumento funerario, construido sobre la sepultura, modificaron la inclinación de sus lados respecto a la horizontal, que era de 65 a 68 grados en lugar de los 51 de Keops o 53 de Khefrén. Las pirámides de Meroe no terminaban en punta, sino en una pequeña plataforma sobre la cual se colocaba un círculo de piedra como símbolo solar.

Arte: uno de los rasgos típicos es la incorporación de figuraciones escultóricas zoomorfas en la arquitectura de los templos, como cabezas de leones y elefantes en las bases de columnas y terminaciones de muros en forma de elefante en Musawwarat.


Cerámica: la variedad Meroítica Fina incluye vasos de pequeño tamaño y formas variadas, a menudo pintados con diseños geométricos o motivos zoomorfos. 

Los faraones negros ...

En su apogeo el reino de Kush se extendía desde Asuan (sur de Egipto) hasta Karima (Sudán) a lo largo del río Nilo. Su fuerza llegó a ser tal, que en el siglo VIII a. C. fundaron la dinastía XXV egipcia y ocuparon el trono con los denominados faraones negros. Sin embargo, finalmente fueron expulsados y se refugiaron alrededor de su capital Meroe. En ese enclave pusieron en práctica todo lo que habían aprendido de los egipcios en lo que a levantar pirámides se refiere. Pero de manera diferente. Y es que la inclinación y tamaño de estas construcciones varían respecto a la de los faraones. La necrópolis de Meroe cuenta con 50 pirámides catalogadas, pero ninguna supera los 20 metros de ancho en la base. En ellas hay enterradas unos 40 reyes de esta curiosa cultura.


A finales del siglo I a. C. el reino de Kush se enfrentó a Roma. La nueva potencia latina no tuvo excesivos problemas para imponerse. Pese a la derrota, Meroe todavía subsistió unos siglos más antes de su declive definitivo. Esta curiosa civilización, verdadero reino de las pirámides, cayó en el olvido hasta que el naturalista francés Frédéric Cailliaud volvió a redescubrirlas en 1822. Casi dos siglos después los secretos de esta enigmática civilización siguen aflorando.

1 comentario:

  1. Me ha parecido una interesante racionalización de las peculiaridades de la cultura Nubia respecto a la Egipcia. Clara y didáctica. En un período tan oscuro pienso que es un intento inteligente.

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