Cementerio de Chauchilla


El cementerio de Chauchilla se encuentra situado a unos 30 km de la ciudad de Nazca, en el departamento de Ica, en el Perú. Se trata de una necrópolis de época preincaica. Algunas fuentes la relacionan con la antigua Cultura Huari y otras con la Cultura Nazca que florecieron en la zona entre el siglo II a. C. al siglo IX de nuestra era. 

En el cementerio se pueden ver restos de la antigua civilización así como fragmentos de cerámica, textiles y momias.

Las momias están en un buen estado de conservación a pesar de su antigüedad y en muchas de ellas se pueden ver aún restos de cabellos e incluso algo de piel. La conservación ha sido posible en parte gracias al clima árido del desierto de Nazca en el que se encuentra enclavado el cementerio.

En el antiguo Perú creían en que existía otra vida después de la muerte o en todo caso la reencarnación del cuerpo físico, es por ello que cuando se suscitaba la muerte, el cuerpo era pasado por un riguroso proceso de momificación. 

  • Proceso de momificación en el Antiguo Perú ...
Los antiguos peruanos utilizaban elementos naturales como sustancias y zumos vegetales con fuertes poderes desecantes y deshidratantes que ayudaban a preservar los cuerpos humanos y evitaba la putrefacción, la desintegración y los malos olores.

La flora peruana es rica en especies de plantas llamadas desecantes y preservantes, entre la que se encuentran la muña o menta, el chiveo, el hicumu y, la más conocida de ellas, el ichu, gramínea de las altas punas (también conocida como la paja de la puna).

Lo que resulta asombroso es comprobar cómo los antiguos peruanos aprendieron a controlar el tiempo, evitando que los cuerpos se volvieran rígidos antes de lograr la postura deseada.

Después del proceso de desecación y deshidratación de los cuerpos se pasaba a extraer sus órganos internos, como intestinos, riñón, hígado.

  • Fardos funerarios ...
Cabe destacar que las momias eran envueltas en muchas telas o mantos combinados con capas de algodón escarmenado para absorber la humedad.

Según los especialistas, los envoltorios eran preparados ex profeso cuando los individuos morían; se cree que había artesanos dedicados exclusivamente a elaborar ajuares funerarios, los cuales variaban en calidad y belleza de acuerdo a la importancia del difunto.

Las telas y las amarras se colocaban tal como si se estuviera preparando una bolsa o cesta. Las sogas iban desde la base hasta la cabeza, de manera que todo el fardo quedaba atado. Luego seguían capas de distinto tamaño y calidad en las que se colocaban ofrendas y tras esta venía otra capa de ataduras. Una vez que el fardo quedaba terminado, tenía forma de cantimplora; la cabeza del individuo quedaba colocada en el cuello de la cantimplora y el resto correspondía al cuerpo. En algunos casos colocaban externamente máscaras de concha, perla o metales y otros adornos tales como orejeras de oro y plata, cuando se trataba de personajes importantes. En el caso de los nobles y soberanos los fardos funerarios eran de gran tamaño y los envoltorios eran de mayor suntuosidad y dimensión.

El hallazgo de momias en diferentes regiones del Perú es algo común y como resultado de ello el Museo Nacional de Arqueología Antropología e Historia del Perú guarda intactos cientos de fardos funerarios en ambientes especialmente preparados para controlar la temperatura y el nivel de humedad, a fin de evitar el deterioro que pudiera producirse al removerlos de sus tumbas.


Una momia famosa sería la de Juanita, la niña inca hallada en 1995 por el antropólogo Johan Reinhard y su equipo de arqueólogos de la Universidad Católica de Arequipa, en la cumbre nevada del volcán Ampato, a 5,000 metros sobre el nivel del mar. 

Juanita o la dama de Ampato, como se le ha llamado a esta momia, fue hallada congelada; sus órganos, tejidos, células y humores estaban tan bien preservados que han facilitado el inicio de un profundo estudio científico. Se presume que junto a Juanita, quien fuera sacrificada en tributo a alguna divinidad andina fueron enterrados también como ofrendas unos moluscos bivalvos de hermoso color rojo llamados spondylus. De significado mágico religioso, éstos fueron envueltos en finos textiles de alpaca y vicuña, junto con bolsitas ceremoniales que contenían coca, cerámica y otros elementos necesarios para emprender ese largo viaje al más allá.


Mediante las pruebas de ADN se encontró que había cierta semejanza con muestras de la tribu panameña Ngoge, pero no es definitivo, se requieren muchos más estudios para tener una prueba científica corroborable sobre su verdadero origen. Y es que se dice que para los sacrificios humanos se preparaba a niños y adolescentes cuyo destino final era decidido por el Inca, es por ello que "Juanita" no necesariamente tendría que ser de esta región, podría provenir de otra.

Los niños "más perfectos" eran elegidos para ser ofrendados a los Apus o montañas sagradas. Estos niños eran criados en una casa especial. Sólo el Inca podía realizar el llamado, cada cuatro o siete años. Los niños eran recibidos en la plaza del Cusco, el Inca los abrazaba para absorber así la belleza, la juventud, salud y perfección de ellos. En ese momento morían para el mundo terrenal.

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