Barco de Oseberg ...




El barco fue descubierto en el verano de 1903, por Oskar Rom, el propietario de la granja Oseberg de Vestfold, Noruega. Tras empezar a remover los túmulos de tierra encontró un pequeño fragmento de madera tallada de unos 20 centímetros.

Dado que en 1880 se descubrió el túmulo de Gokstad que contenía un barco utilizado como tumba por un príncipe vikingo del S. IX, su descubrimiento le llevó a ir a ver al catedrático, arqueólogo y Director del Museo de Antigüedades de Oslo, Gabriel Adolf Gustafson en 1903. El 10 de agosto del mismo año, apareció un artículo en el periódico Aftenposten en el que se informaba del descubrimiento de este nuevo barco vikingo.



El barco tenía cabida para 30 remeros, pero su estructura era algo frágil, por lo que se cree que fuera un barco destinado a la navegación de cabotaje (pegados a la costa). Tanto en la proa como en la popa tienen tallas zoomórficas propias de este estilo Oseberg.



Análisis dendrocronológicos de la sepultura ubican el barco en el otoño del 834. En su interior se hallaron dos esqueletos femeninos, uno de unos 60-70 años que padecía una artritis severa y otro de 25-30 años. Unas teorías defienden que una de ellas sería la reina Åsa de la dinastía Yngling, mientras que otras defienden que fue una sacerdotisa. Pero nadie se pone de acuerdo en quien de las dos tenía mayor jerarquía, o si una de ellas fue sacrificada para acompañarla.

Además del barco, el ajuar funerario incluía objetos de uso cotidiano, como camas, edredones, ropa, peines, útiles de cocina, aperos de labranza y tiendas o la llamada "Regadera de Buda" (Buddha-bøtte), en la cual aparece un hombre sentado con las piernas cruzadas.

También había una carreta así como los restos de quince caballos, seis perros y dos vacas. La tumba de Oseberg tenía también cuatro trineos, de los que tres están ricamente ornamentados. El constructor de los trineos ha dado muestras de la mejor tradición artesanal. En dos de los trineos los patines consisten en dos ramas curvadas hacia arriba en sus extremos, tanto por delante como por atrás. El material es de haya, pero la capa de desgaste inferior es de roble.




Los trineos no sólo se empleaban para deslizarse por las pendientes. Están provistas de una vara sencilla para enganchar dos caballos, y a juzgar por el desgaste, han tenido empleo práctico. El invierno y la nieve no suponían ningún obstáculo para viajar; al contrario mejoraban las posibilidades en muchos lugares. Con caballo y trineo se llegaba tanto por tierra como por lagos, ríos y pantanos.

Después de la nave misma, el carro es el mayor objeto del hallazgo, y al contrario que el resto de los objetos, no ha sido pensado para uso práctico. El carro no puede girar, ya que ni el eje de las ruedas ni las varas estaban articulados. El transporte en vehículos con ruedas es un fenómeno más tardío en los países nórdicos.


La función del carro de Oseberg debe buscarse más bien en las ceremonias religiosas, más probablemente en procesiones rituales, tal como ilustra uno de los tapices del hallazgo. El culto a la fertilidad de los pueblos germánicos implicaba, entre otras cosas, llevar al dios cubierto en un carro sobre los campos para asegurar una buena cosecha.

Los carros están cubiertos, pero a juzgar por los símbolos que los rodean, podemos suponer que una de las divinidades que ocultan es Freya, diosa del amor y la fecundidad. También podemos vincular a esa divinidad con el carro, ya que el motivo principal retratado en la parte posterior del carruaje es su animal especial, el gato. El vigía de los dioses, Heimdall también podría estar representado, posiblemente como las cabezas de hombre en las que el tallista ha destacado los dientes. Heimdall era también un dios, y tenía dientes de oro.



Como la más rica de todas las tumbas vikingas, la de Oseberg siempre ha sido atribuida a una reina y su esclava tal y como he mencionado anteriormente. Sin embargo, los muchos objetos de culto del hallazgo parecen sugerir que la mujer sepultada era aún más importante; quizás fuese la representante y encarnación de Freya en la tierra.


Todo esto sugiere que los vikingos tenían una firme creencia en la vida mas allá de la muerte, por lo que las tumbas debían ser abastecidas de todo aquello que fuera a necesitar el difunto. El ajuar de Oseberg parece reforzar la idea del viaje simbólico a la tierra de los muertos e indica que también las mujeres podían acceder a este mundo de ultratumba. De lo que no cabe la menor duda es de que, sea quien sea la mujer enterrada en Oseberg, ocupó un lugar prominente entre su pueblo.

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