Necrópolis de la Banditaccia



La necrópolis etrusca de la Banditaccia se encuentra sobre una altura de toba volcánica al noroeste de Cerveteri, y en sus cerca de 400 hectáreas de extensión se encuentran miles de sepulturas (la parte del recinto que puede visitarse representa sólo diez hectáreas de extensión y cuenta con cerca de cuatrocientos túmulos), de las más antiguas del periodo vilanoviano (Siglo IX a. C.) a las más «recientes» del periodo etrusco (Siglo III a. C.).


Su origen se encuentra en un núcleo de tumbas vilanovianas en la localidad de Cava della Pozzolana, y el nombre de «Banditaccia» deriva del hecho que desde fines del siglo XIX la zona fue bandita, esto es, arrendada por los propietarios terratenientes de Cerveteri a favor de la población local. Vista su imponencia, la necrópolis de la Banditaccia es la necrópolis antigua más extensa de toda la región mediterránea.
Las sepulturas más antiguas que hay son las vilanovianas y se caracterizan por su forma de pocito, donde se custodiaban las cenizas del difunto, o por las fosas para la inhumación.


Del siglo VII, período etrusco, hay dos tipos de sepulturas, las de túmulo y las de «dado». Estas últimas consistían en una larga hilera de tumbas alineadas regularmente a lo largo de las calles sepulcrales. Las sepulturas en forma de túmulo se caracterizan por una estructura de toba de planta circular que reproduce en el interior una representación de la casa del difunto, con corredores (dromos) para acceder a las diversas estancias.


La abundancia de detalles del interior de estas sepulturas ha permitido a los arqueólogos conocer los usos cotidianos de los etruscos. A este respecto, la mejor sepultura resulta ser la Tumba de los Relieves (Tomba dei Rilievi), que data del siglo IV a. C. y que perteneció a la familia de los Matunas, como se lee en las inscripciones: el interior de la tumba se ha mantenido en condiciones particularmente buenas, permitiendo observar incluso los frescos en las paredes y sobre las columnas.


Las sepulturas más recientes son las del siglo III a. C. Algunas de ellas se caracterizan por la presencia de cippiera, un contenedor para cipos probablemente usado para indicar el sexo de los difuntos en su interior.


Gran parte de los ajuares que se encontraron en esta necrópolis se encuentran en el Museo Nacional Etrusco en Villa Giulia de Roma y en muchos otros museos dispersos por todo el mundo, mientras que sólo una parte insignificante de los corredores fúnebres quedan en el lugar y se conservan en el Museo Nacional Arqueológico de Cerveteri.

1 comentario:

  1. Es increíble el fervor que sentían por el arte funerario....el concepto tan sagrado que tenían del paso a la otra vida y las maravillas que creaban.

    ResponderEliminar