Gaia


En 1965 la NASA encargó al científico James Lovelock un estudio sobre las posibilidades de vida en Marte. De la observación del planeta vecino y de la Tierra, hogar de la vida, nació en la mente de Lovelock una idea que desarrollaría después en forma de una teoría científica que vio la luz en 1969 con el nombre de teoría o hipótesis Gaia, por la diosa griega Gea o Gaia, y que, como vemos, Asimov utilizó en el último volumen de su tetralogía La Fundación.

La hipótesis plantea que la atmósfera y la capa superficial de la Tierra, la biosfera, se comporta como un organismo capaz de crear y mantener en el Planeta las condiciones adecuadas para su existencia; así que, frente al pensamiento tradicional de que la vida necesitó unas condiciones medioambientales muy estrictas para su nacimiento y proliferación, asegura que ésta fomenta por sí misma las condiciones que le son favorables, su propio habitat y es capaz de mantenerlas incluso en circunstancias muy adversas. No concibe la naturaleza como algo estático a lo que las criaturas se van adaptando por un proceso de evolución, sino algo dinámico que la vida va creando y cambiando en su beneficio; aunque eso no significa que rechace el darwinismo.


Lovelock se detiene en tres elementos en los que basa su hipótesis: la temperatura de la Tierra, la composición química de la atmósfera y la salinidad de los mares. Asegura que la radiación solar era mucho más débil que ahora en los comienzos de la vida lo que hubiera mantenido a la tierra en estado de congelación, sin embargo la temperatura se ha sostenido en un rango de valores bastante estrecho que ha permitido la vida, para ello seguramente se valió de una capa de dióxido de carbono y amoniaco que arroparon a la Tierra justo lo que necesitaba. Cuando fue aumentando la radiación la proliferación de organismos “devoradores” de amoniaco y dióxido de carbono permitieron mantener las temperaturas en valores aceptables.


La composición química de la atmósfera es una rareza en el Sistema Solar y según Lovelock no es esa circunstancia la que permite la vida sino que es la vida la que la ha creado y la mantiene en su beneficio: elevadas proporciones de nitrógeno y oxígeno y muy escasas de dióxido de carbono. La vida actúa manipulando diariamente la atmósfera para mantenerla en su estado ideal. La acidez, por los procesos de oxidación que se generan, debería ser mucho más elevada de lo que es, sin embargo se mantiene en un Ph neutro (Ph8) porque los seres vivos con sus metabolismos generan enormes cantidades de amoniaco, sustancia muy alcalina, que neutraliza la acidez. Algo parecido ocurre con la salinidad de los mares, que se mantiene en valores que permiten la vida en ellos a pesar de que los ríos arrastran sales de los continentes que depositan diariamente en los mares, lo que debería haber hecho aumentar la salinidad hasta cantidades insoportables.



Ahora, en pleno siglo XXI , un sorprendente descubrimiento realizado por científicos de la Universidad de Maryland, podría confirmar la teoría, según la cual la Tierra es un único y enorme organismo viviente.

La clave, al parecer, está en el azufre y en la capacidad de este elemento esencial para la vida para facilitar las hasta ahora misteriosas interacciones entre las criaturas marinas, terrestres y aéreas.

El azufre es el décimo elemento más abundante del Universo y forma parte de numerosos compuestos, tanto orgánicos como inorgánicos. Su complejo ciclo le lleva a estar presente en el mar, el aire, la tierra y en todos los seres vivientes, por lo que juega un papel esencial tanto en el clima como en la salud de los organismos y los ecosistemas. «Las emisiones de dimetilsulfuro juegan un papel en la regulación del clima a través de su transformación en aerosoles».


¿Acaso todos los procesos físicos y biológicos que se dan en la Tierra están inextricablemente conectados y forman un complejo sistema sensible y capaz de regularse por sí mismo? ¿Es Gaia realmente un organismo vivo? ¡Es evidente que TODO es UNO!

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