El Imperio Olvidado: Los Hititas (1ª Parte)


Hattusa o Hattusas fue la antigua capital del Imperio Hitita desde el reinado de Hattusil I, situada en el centro de Anatolia. La ciudad contaba con amplios bosques y un fértil campo adyacente, aunque su emplazamiento tenía dos inconvenientes: los ríos de la zona no eran navegables, lo que impedía el transporte fluvial, y la cercanía a la tribu bárbara de los kaskas que fueron una amenaza permanente para Hattusa.

Las primeras excavaciones datan de 1906, cuando el instituto alemán de arqueología comienza a trabajar en las ruinas de la ciudad. En el yacimiento se han encontrado numerosas tablillas de arcilla, escritas en multitud de lenguas, como el luvita o el acadio, que son la fuente principal para el estudio de la cultura hitita.


Los restos excavados hasta ahora corresponden principalmente al reinado de los últimos monarcas hititas quienes modificaron muchos templos antiguos para engrandecerlos, aprovechando la prosperidad del imperio en esa época.

Rodeada por imponentes murallas, con una ciudadela y numerosos templos en su interior, Hattusa fue el corazón del imperio hitita, luego cayó en el olvido.

Con la apertura de las murallas comenzaba la intensa actividad diaria en una ciudad que se extendía por casi 200 hectáreas de terreno y que en tiempos del Reino Nuevo Hitita entre 1370 y 1270 a. C. alcanzó su máximo esplendor.

A la ciudadela se entraba por tres puertas vigiladas por torres que daban paso a tres patios consecutivos alrededor de los cuales se abrían edificios administrativos y almacenes, el templo y las estancias del rey y la de sus esposas, y la sala de audiencia o el trono. El palacio era el símbolo del poder absoluto del monarca, el tabarna o gran rey tenía el título de Mi Sol que daba cuenta de su grandeza y su origen divino, el rey también era sumo sacerdote y comandante del ejército.



Había muchos sacerdotes en la ciudad, pues los hititas rindieron culto a múltiples dioses del Medio Oriente, en Hattusa se han localizado más de 30 templos, pero la ciudad no la formaban solo los palacios y templos, en su interior habitaban más de cien mil personas más los visitantes extranjeros, la capital hitita era uno de los centros más cosmopolita del Próximo Oriente, tanto como Babilonia o Tebas en Egipto.

El gran templo: Dedicado probablemente al Dios de las Tormentas y a la Diosa Solar de Arinna, es el templo hitita más complejo conocido.


En 1834, Félix Marie Charles Texier, un arqueólogo y explorador francés se encontraba buscando la ciudad perdida de Tavium en Anatolia, en la actual Turquía. Sus pesquisas le habían llevado a una aldea, Bogazköy que actualmente es el lugar donde estaba situada la antigua capital de los hititas: Hattusas.



Texier fue el primer occidental que pudo admirar los impresionantes restos de una antigua civilización olvidada, cuya bruma formaba parte de misteriosas leyendas locales y relatos de viajeros. Por desgracia, Texier murió sin saber qué era exactamente lo que había encontrado, ni más ni menos que la capital de una de las mayores potencias del II milenio a.C. que rivalizaba en poder con Asiria, Babilonia o Egipto.

Partiendo casi de cero, este explorador, arquitecto y arqueólogo francés se había trasladado a Turquía y en verano de 1834 inició una expedición en el área septentrional. A los pocos días de marcha y muy cerca de la aldea de Bogazköy, en uno de los cerrados meandros del río Kizil-Irmak, el río más largo de Turquía, descubrió unas ruinas que le dejaron atónito por su majestuosidad. Se topó con una hilera de bloques ciclópeos y las ruinas colosales de un edificio. Sin saberlo deambuló por la capital del fenecido imperio hitita, entre murallas arruinadas, decrépitos templos y puertas milenarias escoltadas por impresionantes y esculturales relieves.

En la muralla halló grandes puertas, en una de las cuales un escultural altorrelieve de casi 2 metros mostraba un robusto personaje, acaso un dios guerrero de factura plástica exquisita, la pieza de la imagen es una copia colocada en el lugar de la original que contempló Texier. La escultura original se halla en el Museo de las Civilizaciones Anatólicas, en Ankara (Turquía)...

Una segunda puerta es custodiada por dos leones de piedra caliza que alcanzan más de dos metros de altura, resisten el paso de los milenios... 




Pero le esperaban nuevas sorpresas. Un indígena llevó a Texier desde Bogazköy por un sendero escabroso y escarpado, atravesaron un profundo valle hasta la antiplanicie del lado opuesto. 

Había llegado a un lugar sagrado y fascinante que se conoce como Yazilikaya, que en lengua turca significa "roca escrita". En los detalles ampliados se aprecia a la izquierda al rey Tudhaliya IV y a la derecha una procesión de divinidades. Es un lugar de roquedos verticales, en cuyas grietas y angostas hendiduras se esconden bajorrelieves asombrosos que mostraban misteriosas procesiones divinas y extraños jeroglíficos que se antojaban adornos o bien formarían parte de un sistema de escritura.

En este santuario los hititas celebrarían rituales que formaban parte de su sistema religioso que contaba con innumerables dioses, debido al carácter integrador y abierto de su religión, ya que aceptaba los dioses de otros pueblos y eran añadidos a su sistema religioso. Es por esto que el país hitita era también llamado por los contemporáneos "el país de los mil dioses".

Chares Texier y sus acompañantes realizaron esquemas sobre las extraordinarias maravillas que habían presenciado. En 1839 publicaba en París una monumental obra sobre sus viajes, Description de l´Asie Mineure, llamando la atención sobre la existencia de una civilización relevante y totalmente desconocida en el conocimiento arqueológico del siglo XIX, pero nadie le prestó la consideración debida.




La Ciencia no se tomó muy bien la brillante noticia que aportaba Texier sobre la existencia de una nueva y colosal civilización. La enorme y fabulosa documentación sobre una civilización sin referencia ni precedente alguno en Asia Menor fue vista con suspicacia en un momento en que el interés de los investigadores se centraba en Egipto y Mesopotamia, lo que refería Texier era exagerado y no cabía en aquellas mentes que jamás habían tenido la más mínima noción de ninguna otra civilización antigua como la que señalaba. En aquellos momentos la expectación estaba volcada en los maravillosos hallazgos de Lepsius y Mariette en Egipto, mientras que Botta y Layard arrojaban luz sobre las fascinantes Asiria y Babilonia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario