El Dorado, existió esta mítica ciudad?


La búsqueda por descubrir la ciudad mítica de El Dorado en América Latina ha inspirado libros, cuentos, películas y una fascinación perenne por confirmar si realmente existió. Las leyendas varían pero por lo general coinciden en afirmar que cuando los conquistadores llegaron en el siglo XVI, escucharon historias de una tribu de indios en los Andes (ahora Colombia) donde como parte de una ceremonia, el jefe era rociado en polvo de oro y los habitantes tiraban esmeraldas y oro al Lago Guatavita para apaciguar a los dioses que habitaban ahí.

El mito le dio origen al nombre de la ciudad y desde entonces surgió esta obsesión por encontrar la mágica ciudadela ubicada en algún rincón del Amazonas.

La primera expedición oficial para encontrar El Dorado fue liderada en 1541 por Gonzalo Pizarro, el medio hermano de Francisco Pizarro, el conquistador español que fundó Cuzco en 1534. Con plena confianza en que la expedición sería exitosa, este gobernador de Quito invirtió casi todo su dinero en preparar el viaje y lideró un grupo de 200 hombres vestidos con armaduras completas, más de 4,000 indios esclavos, llamas, cerdos y 2,000 perros de caza hacia los Andes. De acuerdo a David Grann, autor de La Ciudad Perdida de Z, el historiador Pedro de Cieza de León relató que Pizarro era despiadado y ostentaba el innoble título de “carnicero” ya que en su afán por encontrar El Dorado ordenaba que torturaran a los indios que no respondían a sus preguntas, e incluso que los quemaran y que se los dieran de comer a los perros.

La expedición, a pesar de su tamaño y escala, no fue exitosa. En la selva inhóspita los indios murieron de hambre o perecieron a causa de las enfermedades que contrajeron ya que carecían de las defensas adecuadas para resistirlas. Las llamas, reubicadas en un clima que no era el de los altiplanos donde naturalmente habitaban, murieron del insoportable calor o sencillamente fueron el alimento de los exploradores. Después de un tiempo considerable, el grupo de Pizarro decidió dividirse en dos, y Francisco de Orellana, el segundo en comando, lideró a un grupo más reducido que terminó cruzando por primera vez el Amazonas hasta desembocar en el Atlántico. En 1542, humillado, Pizarro regresó a Quito con sólo 80 personas en su expedición. Orellana, sí decidió regresar en en 1545 pero su expedición fue incluso más desastrosa y al final él tambien terminó muriendo en el viaje.



A pesar de que se sabía de los retos y los desafíos que significaba emprender la búsqueda de El Dorado, el imaginario de la leyenda continuó conquistando el corazón de muchísimos exploradores quienes dejaron todo y partieron rumbo al Amazonas. En 1617, el inglés Walter Raleigh zarpó junto con su hijo Watt decididos a resolver el misterio. Durante la expedición Raleigh envió a su hijo para que bordeara el Río Orinoco pero éste nunca regresó ya que murió en una confrontación con los españoles. A su regreso el Rey Jacobo ordenó que decapitaran a Raleigh. Confrontados con los peligros de la vida en la selva, el calor y las enfermedades e infecciones causadas por los mosquitos y otros animales, las distintas expediciones que se adentraron en la región para buscar El Dorado fracasaron, se desarticularon o incluso terminaron adoptando actitudes caníbales.

Ya en el siglo XX, una de las más reconocidas expediciones fue liderada por Percy Fawcett, su hijo Jack y el mejor amigo de su hijo, Raleigh Rimmel. En 1925 los tres cruzaron el Atlántico hacia un campamento en el Brasil conocido como Caballo Muerto para buscar la ciudad perdida de Z, el nombre con el cual el explorador se refería a El Dorado. Fawcett, que había sido uno de los exploradores estrellas del Royal Geographic Society de Londres, e incluso había tenido la difícil tarea de demarcar los límites territoriales entre Brasil y Bolivia, logró financiar parte de su viaje con dinero de distintos periódicos ya que a cambio prometió enviar actualizaciones sobre los avances de la exploración. Por cinco meses se tuvo noticia de la comitiva, pero después de eso se les perdió el rastro. Dos años después el destino del trío era incierto: podían haber muerto o ser rehenes de alguna tribu. En 1928 se lanzó la primera expedición de búsqueda, pero ésta regreso sin éxito. Desde entonces, sin embargo muchísimas otras expediciones han intentado trazar los pasos de Fawcett y averiguar que fue lo que realmente sucedió con el explorador y también continuar con la búsqueda de la leyenda de El Dorado.


Balsa muisca de oro exhibida en el Museo del oro de Bogotá
  • Pero conozcamos la leyenda ...
El rey de Guatavita cayó profundamente enamorado de una bonita mujer joven de la tribu vecina. La esposó y tuvieron una hija. Pero el rey se consagró mucho a su función, dejándose ir al libertinaje, engañando y olvidando a su esposa. Ésta, sintiéndose abandonada se desesperaba.
Sin embargo, los dos esposos amaban profundamente a su hija.

Un día, en una gran fiesta, la reina se enamoró de un bello y joven guerrero. Enamorados uno del otro, comenzaron a exhibirse mofándose de la vigilancia del rey. Estos encuentros ilegítimos terminaron por ser conocidos por aquel que no tardó en sorprenderles. El guerrero fue hecho prisionero y sometido a terribles torturas, hasta que se le quitó el corazón antes de empalarlo.

Esa misma noche se organizó una gran fiesta en honor de la soberana. En el curso de la comida se le ofreció un plato refinado, el corazón de un animal salvaje. La reina lo miró con desconfianza, después se dio cuenta con horror que estaba ahí un pedazo de su amante.

De repente, el ambiente festivo dejó lugar a un gran silencio cuando resonó el grito de terror de la reina. El tinte pálido como una muerta y el corazón magullado, fue a buscar a su hija antes de hundirse precipitadamente en las tinieblas. Sin reflexionar un solo instante, se tiró en la laguna sagrada de Guatavita.

Los sacerdotes se apresuraron a transmitir la noticia al monarca ebrio que, loco de dolor, corrió a la laguna comprendiendo cuánto amaba a esta mujer y cómo ella lo había hecho feliz antes.

El corazón lleno de llanto, ordenó a los sacerdotes recuperar el cuerpo de su esposa. Éstos revelaron que la reina vivía feliz en una casa submarina con una serpiente que estaba enamorada de ella.

Angustiado, el rey reclamó que le trajeran al menos a su hija. Los sacerdotes la trajeron y pudieron constatar que ella no tenía más los ojos. Entonces el padre decidió devolverla a su madre.

El rey inconsolable perdonó a su esposa prometiéndole ofrendas para que ella tuviese en el más allá la dicha que había conocido tan brevemente a su lado. Los sacerdotes, los intermediarios entre los hombres y la diosa de las aguas (la antigua reina), vivían en el borde de la laguna esperando su próxima aparición, una noche de luna llena.

Los chibchas hicieron de la laguna de Guatavita (formando un círculo casi perfecto) un lugar de culto donde se le hacía ofrendas de figuras de oro y esmeraldas a la diosa tutelar. Ella, en forma de serpiente, surgía de las aguas para recordar al pueblo la promesa de tesoros que se le había hecho. Las ofrendas se hicieron más y más numerosas a fin de calmar el dolor del rey.

Pero la ceremonia tuvo luego otro objetivo. Era un acto político-religioso que se realizaba para la consagración de un nuevo Zipa (rey de Bacatá, actual Bogotá).

Los días que precedían a la ceremonia, el rey y su pueblo comenzaban un período de ayuno y abstinencia. Durante este período confeccionaban máscaras y ricas vestimentas, arreglaban sus instrumentos de música y preparaban los mets de la chicha (alcohol de maíz) para el gran día.
Los pueblos vecinos se unían a la fiesta y todos, por un tiempo, olvidaban sus penas y sus llantos. Después venía el momento tan esperado.

Antes de que despuntara el alba, todo estaba listo para comenzar la procesión hacia la laguna sagrada al son de tambores y flautas. La multitud, engalanada de bellos atavíos y sus joyas entonaba canciones. Después seguía el cortejo real escoltado por los guerreros portando arco, flechas y lanzas.

A algunos metros de la laguna, el rey descendía de su palanquín y se dirigía hacia la barca real, marchando sobre las capas que ubicaban bajo sus pies los guerreros y los cortesanos. Sobre la barca recubierta de capas y de flores no tomaban lugar más que los miembros más meritorios de la corte, dejando libre la plaza central para el monarca. Tan pronto como se ubicaba al centro de la barca el rey dejaba caer su capa roja mostrando a todos su cuerpo recubierto de polvos de oro.

La barca real se alejaba lentamente mientras que la multitud, la espalda vuelta a la laguna, o la cabeza baja hacia el suelo para no ofender, hacía oír sus plegarias y cánticos. En medio de la laguna, el Zipa apuntaba su mirada hacia el oriente, esperando el sol. Cuando el cielo se teñía de rojo, el rey murmuraba plegarias. Y al momento cuando el sol surgía y bañaba de luz la barca real, el monarca levaba los brazos al cielo lanzando un grito de alegría repetido enseguida por toda la multitud.

Pronunciando aún unas plegarias, el Zipa tiraba al fondo de la laguna las admirables esmeraldas y los objetos de oro, después se sumergía él mismo en las aguas sagradas. Resurgía purificado y la barca regresaba a la ribera mientras que la multitud permanecía cabeza baja o de espaldas a la laguna.

El rey marchaba de nuevo sobre las capas hasta su palanquín que lo llevaba hasta su morada. Una vez el ritual y la consagración del Zipa acabados, comenzaba la fiesta que terminaba en la ebriedad.


La Leyenda de El Dorado se revive en el Museo del Oro de Bogotá, una galería de miles de objetos labrados en oro por los antiguos indígenas colombianos, entre el 500 a.C. y el 1.500 d.C.

Sea un mito o una leyenda, lo que es evidente es que la mística del oro, en casi todas las culturas y civilizaciones, ha mantenido una extraña relación con el ser humano, despertando su codicia ... quizás quién mejor lo definió mostrando así el pensamiento de la época fue el navegante al servicio de la corona español Cristóbal Colón quién dijo:"El oro es el más exquisito de todos los elementos... Quien posee oro puede adquirir todo lo que necesite del mundo. En verdad, con oro puede usted lograr que su alma ingrese en el paraíso".


1 comentario:

  1. Guauuuuuuuu...espectacular la leyenda!!!!!...no tenía ni idea...la verdad es que la búsqueda de esta tierra ha sido OBESSIÓN y en general el ORO ha sido codiciado por multitud de generaciones.

    ENHORABUENA

    fdo: artículo1

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