El Kurru - Nubia


La antigua región de Nubia está situada en el noreste de África, al sur de Egipto y al norte de Sudán. Limita al norte con la primera catarata del Nilo, en Asuán, y al sur con la confluencia del Nilo Blanco y del Nilo Azul, en Jartum. 


A mediados del siglo VIII a.C., cuando decayó el poderío faraónico egipcio, los reyes nubios invadieron el país vecino, fundaron la dinastía XXV y lo gobernaron aproximadamente hasta el año 660 a.C., cuando fueron derrotados por los asirios. Los nubios fueron expulsados a su región de origen y fundaron el reino de Meroe, que dejó de existir en el siglo IV d.C. A lo largo de los siglos, las ruinas del reino nubio desaparecieron bajo la arena. La civilización nubia, a diferencia de la egipcia o la mesopotámica, apenas ha sido estudiada.


En el siglo VIII a.C., cuando Nubia impuso su hegemonía a Egipto, se constituyó un fuerte poder en torno a Napata, que más que una ciudad era un área geográfica, al norte de lo que hoy es Sudán. En la localidad de El Kurru se ubica la que fue la primera necrópolis de los reyes de Napata y, por tanto, de Nubia. Aquí se enterró a la mayor parte de los llamados faraones negros.


La pirámide de Tanutamani está en un extremo, al lado de la de Shabako. Al lado de ésta, con un espacio intermedio, está la de Pianjy, la más grande. La de Kashta está la segunda en el lado opuesto a la de Tanutamani, en un grupo que tiene ocho pirámides alineadas y varias construcciones.Las catorce pirámides de las reinas tienen unos siete metros de lado en la base. También se han encontrado en el nordeste los restos de 24 caballos, probablemente de los carros de combate de los faraones de Nubia, y dos perros.


Si bien las pirámides de los reyes nubios fueron descubiertas y estudiadas en 1820 por el naturalista y geólogo francés Frédéric Caillaud, fue Karl R. Lepsius quien visitó todos los cementerios reales: Napata, El Kurru, Nuri, Djebel Barkal... realizando un estudio sistemático de los mismos y una completa publicación de los mismos.


 La lejana Nubia era para los antiguos egipcios el país del oro por antonomasia, Nebu. No es que fuera la única fuente del metal precioso que tenían los faraones, pues en el mismo Egipto se explotaban numerosas minas de oro, localizadas en su mayor parte al sur de Coptos y en Kom Ombo, no lejos de la primera catarata del Nilo. También se importaba oro de Asia, como revela el que aparece registrado en el templo de Ramsés III en Medinet Habu. Pero, fue durante el Imperio Nuevo cuando descubrieron Kush, la Alta Nubia, la región situada entre la segunda y la cuarta catarata, una zona particularmente rica en oro.


Para los faraones del Imperio Nuevo, Kush era importante no sólo por sus yacimientos de oro, sino también para establecer un corredor comercial camino del mar Rojo. Por ello dirigieron numerosas incursiones para dominar y pacificar la zona, que quedó bajo el mando de un virrey de Kush con los títulos de Hijo del rey y Guardián de las Tierras de Oro del Señor de las Dos Tierras. El virrey se encargaba de asegurar las rutas comerciales y enviar a Egipto los tributos anuales, en particular el oro extraído en los yacimientos kushitas. Por ello, era también competencia suya supervisar el buen funcionamiento de las minas. 


Para reforzar el control egipcio sobre la zona, a partir del reinado de Tutmosis II se impuso la costumbre de educar a los hijos de los gobernantes locales en la corte faraónica, con el fin de egipcianizarlos y hacerlos retornar a su país convertidos en fieles partidarios de la cultura egipcia. Otros no tuvieron tanta suerte y viajaron a Egipto en calidad de cautivos y prisioneros.

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