La ciudad sagrada de Caral ...


La Civilización Caral, una de las más antiguas del planeta, se formó en un territorio de contrastada configuración geográfica, sustentada en una economía complementaria pesquera-agrícola y en una compleja esfera de interacción, que integró a poblaciones de costa, sierra y selva andina en el Área Norcentral del Perú. 


Junto con Caral, han sido identificados 19 asentamientos del mismo período, distribuidos a lo largo de 40 km, en las zonas de litoral, valle bajo y medio de Supe. En cada uno de estos sitios arqueológicos se encuentran edificios públicos piramidales con plazas circulares hundidas, además de unidades domésticas. 


Del conjunto, la Ciudad Sagrada de Caral es el centro urbano donde se aprecia un elaborado ordenamiento espacial y mayor complejidad arquitectónica, condiciones que lo posesionan como el asentamiento urbano más destacado de todos los identificados en el Perú, pertenecientes al período Arcaico Tardío (3000 - 1800 años a.C.).


La ciudad sagrada de Caral consta de 32 conjuntos arquitectónicos. De estos sobresalen siete: tres plazas circulares hundidas, una plaza central y dos plazuelas. Utilizaron materiales de la zona con fines constructivos. 


Las shicras eran bolsas de fibras vegetales rellenas de piedras que se empleaban en las bases de los edificios, mientras que la técnica de la quincha, una armazón entretejida de troncos, cañas y fibras que se recubría con arcilla, se usaba en las paredes.


Los pobladores estudiaron las irregularidades del terreno y sus ondulaciones o declives. Allí hicieron nivelaciones a partir del depósito de materiales de residuos, que secaban previamente.

Por ser estructuras de materiales flexibles, las shicras y la quincha ayudaban a dispersar las ondas sísmicas, previniendo así los derrumbes.


La mitad baja, tiene edificios de menores dimensiones, como el complejo arquitectónico del Anfiteatro, el edificio del Altar Circular y un conjunto residencial, igualmente, de menor extensión. 


La zona marginal, ubicada en la periferia, contiene residencias agrupadas y distribuidas, a modo de archipiélago, a lo largo de la terraza aluvial que colinda con el valle.


La religión, importante componente de la cosmovisión prehispánica, se hace evidente en la construcción de los edificios piramidales. Estos tienen distintos tamaños y los espacios ceremoniales están presididos por fogones. En ellos se realizaron funciones políticas, administrativas y laborales, combinadas con ceremonias y ritos religiosos. 

Asimismo, estos edificios tuvieron funciones simbólicas, pues expresaban contenidos y sirvieron para la identificación cultural y cohesión social. También se encontraron geoglifos y observatorios subterráneos.


El papel de la mujer ...

En Caral había una organización social compleja, con especialistas que se dedicaban a observar el movimiento astral para controlar y mitigar los cambios climáticos, y a estudiar el paso del tiempo para tener un calendario.
Además, existía una equidad de género, ya que la mujer tenía un rol muy importante en la sociedad. Tenía complementariedad con el hombre en ejercer posiciones sociales de prestigio y de poder.

Cuando se creía saber todo sobre la Civilización Caral (3000 a.C.), el avance de las investigaciones arqueológicas reveló la compleja organización y desarrollo en ciencia y tecnología que alcanzó aquella sociedad milenaria .... Y es que, el equipo multidisciplinario de profesionales de la Zona Arqueológica Caral (ZAC) ha logrado identificar la Zona Capital que fue conformada por ocho ciudades: Caral, Miraya, Chupacigarro, Lurihuasi, Pueblo Nuevo, Cerro Colorado, Allpacoto y Llaqta.


Altorrelieves con formas humanas y de peces, supuestamente de la civilización de Caral, fueron descubiertas en Vichama, sitio arqueológico cercano a Huacho, con una antigüedad estimada de 3,800 años.


Aquí, como en Caral, hay tres etapas de ocupación: temprano, medio y tardío. Enormes monolitos de piedra flanquean la entrada. 

Miraya, dentro del sistema social de Caral, desarrolló una elevada especialización laboral en agricultura y técnicas de procesamiento de la fibra de algodón, prueba de ello son los hallazgos de motas de algodón de color sin despepitar, ovillos, tejidos anillados y torzales, encontrados en varios de sus edificios.


Miraya se ubica en un espacio estratégico, en la parte intermedia de la Zona Capital, en un paso obligado de los caralinos para dirigirse al litoral y facilitar el intercambio de productos con las otras ciudades pertenecientes a la civilización Caral.

Miraya

Templo de las ‘manos cruzadas’ de Kotosh, Huánuco

Vichama

Otra ciudad de las mismas épocas sería Lurihuasi. Es un asentamiento compuesto por 44 edificios monumentales y residenciales construidos con piedra. 


Lurihuasi es una ciudad en cuyas construcciones sólo se usó piedra y argamasa. No hay adobe o caña como en otros sitios. Y muchos de sus muros también presentan las esquinas curvas a diferencia de Caral o Miraya. Recientemente las excavaciones pusieron al descubierto un altar de piedra circular donde se encendía el fuego.


Parte de la construcción también muestra el relleno que le ponían al muro: bolsas de tejido vegetal llenas de piedras. Son shicras. Las piedras se acomodaban por su propio peso a medida que la construcción avanzaba.


Lurihuasi tiene una ubicación estratégica. Está rodeado de cerros pero muy cerca de un paso o ‘abra’ que da acceso al otro lado de los cerros, con un camino que lleva hasta el litoral en unas tres horas. 


Chupacigarro, está a un kilómetro al este de Caral y empezó a ser excavado hace muchos años. Tiene doce edificios construidos alrededor de un espacio central y viviendas en la zona periférica. En la parte sur de esta ciudad se encontraron varios geoglifos.


Todas estas urbes, ubicadas en la zona central del valle de Supe, constituyeron junto con Caral la zona capital y el eje del desarrollo en toda el área. Su influencia alcanza a todas las culturas que aparecieron posteriormente en el territorio peruano. Su impronta se nota claramente en la arquitectura e iconografía del antiguo templo de las ‘manos cruzadas’ de Kotosh, Huánuco.


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