Los visitantes ...


Ya sea mediante mensajes en piedra, grabados en roca, dibujos y jeroglíficos, relatos y leyendas, no hay prácticamente lugar del mundo que no posea una antigua tradición de “dioses” venidos del espacio en diversos artilugios. Bien fuera a continuación de alguna tremenda catástrofe natural que hubiera diezmado la población y arrasado su cultura, con el fin de proporcionarles la tecnología y conocimientos que les permitiera rehacer la civilización y, al mismo tiempo también, cruzarse con la raza humana para potenciar una determinada evolución genética, bien con la intención de supervisar el progreso generado en determinada población, tanto material como espiritualmente, las pruebas de su venida son abundantes.


Por todo el globo podemos escuchar y ver relatos y estelas de seres venidos de Sirio y las Pléyades principalmente y, decididamente, humanoides como nosotros, enfrentados a otras razas de fines más oscuros, como los llamados “reptilianos”.


Sea como fuere estos reptilianos, asociados con el símbolo de la serpiente o el dragón, puede que no fueran sino seres protegidos por escafandras, cascos y trajes espaciales en un ambiente hostil para ellos y que, al acomodarse, se despojaban de sus atuendos igual que la serpiente cambia de piel. En la mayoría de los casos, aparecen ante los hombres en discos llameantes, esferas tronantes, nubes relumbrantes, provistos de ingenios alados y con armas mortíferas, decididamente tachados de “dioses”. Esto lo podemos ver incluso en la Biblia o en el arte sacro!


Si presumimos que estos “dioses” salieron de una máquina (una astronave), ello nos induce a pensar que se hubieran construido templos parecidos a aquellos en la forma; y los templos son propios a todas las religiones y a todas las culturas”.

Es posible que cúpulas, minaretes, menhires, dólmenes, pirámides, pináculos en forma de campana, taulas y talayots, los Trulli de Apulia, etc., fueran el modo de expresar a las futuras generaciones la llegada en distintas épocas de seres del espacio, de poder extraordinario, que supusieron un enorme avance tecnológico.

Muchas de estas construcciones se rematan con una pequeña protuberancia superior que simula la cabina de mando.


La descripción más detallada nos la ofrece la Biblia en la visión de Ezequiel, cuando dice: “Y sobre las cabezas “de los animales” había una semejanza “como” de un firmamento, como del centelleo del cristal terrible, extendido arriba, sobre sus cabezas… y encima del firmamento que había sobre su cabeza había como la apariencia de una piedra de zafiro, “sobre ella” la semejanza de un trono y, sobre, ella, la semejanza de un hombre arriba… Y lo vi, y caí sobre mi rostro, y oí la voz de uno que hablaba…”.

No menos significativas son las representaciones tanto del dios barbudo Quetzaltcoatl como de Kukulkán, serpientes emplumadas aztecas y mayas respectivamente, cuyas cabezas surgen de la cabeza de un reptil o un óvalo en forma de ojo de buey con un extraño casco. Igualmente portan armas irreconocibles así como una “segunda piel” emplumada y con botas o escafandra.


Otras muestras son, entre otras muchas, la famosa cabeza del “Caballero del Águila” azteca; el misterioso astronauta etrusco del Museo de Asís; los relieves de Tassili, en Argelia, cabezas ocultas en cascos espaciales; muy similares son los relieves en piedra en Valcamonica, donde se ve claramente la cabeza dentro de un casco; los llamados “espaciales” australianos, llamados wondjina, pinturas realizadas por “otra raza”, y que muestran seres sin boca; el jaguar humanoide de la “Cultura de la Venta”, en Tabasco, con los típicos flequillos solares que figuran el vuelo, sobre lo que parece ser un cubrecabezas; el humanoide con escafandra del valle del Cauca, en Colombia, que empuña dos cetros en espiral; diversas representaciones de la cerámica nazca, en Perú; la cabeza que asoma por la boca de una serpiente, muy representada en Xochicalco, Tula o Chichén Itzá; el “guerrero de Teotihuacán”, con su extraño casco provisto de oculares, una especie de “mono” y botas, empuñando extrañas armas; el mismo sentido pueden tener las cabezas con una especie de casco y cubreorejeras erigidas en la isla de Pascua; las estatuillas “dogu” japonesas, con perfectas y detalladas escafandras; especialmente realista es también la denominada “cruz universal” mexicana, en cuyo centro está el dios del fuego, portando armas desconocidas y lanzando rayos en todas direcciones; numerosas son las descripciones y representaciones de las naves voladoras “vimanas”, en el Ramayana, con cruentos combates celestes.


Aquí se nos habla del “carro celeste de Rama, que se movía por sí solo y era grande, y estaba bien pintado. Tenía dos pisos, muchas habitaciones y ventanas. El carro celeste, que posee una fuerza admirable, alada de velocidad, dorado en su forma y en su esplendor, ascendió envuelto en humo y destellos flameantes”. Ravana, enemigo mortal de Rama “voló sobre los adversarios haciendo caer ingenios que causaron grandes destrucciones”; el Panchatantra hindú, contiene el relato de seis jóvenes que construyen un dirigible llamado “Garuda” capaz de despegar, aterrizar, viajar en cualquier dirección, con un sofisticado sistema de control que permitía maniobrarlo con precisión y con toda tranquilidad.

Más imágenes ...
















No hay comentarios:

Publicar un comentario