Mada' in Saleh ... La Petra desconocida


Fue el primer lugar del país árabe en ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco pero, paradójicamente, son pocos los que conocen de su existencia. Se trata de Mada’in Saleh, una ciudad monumental tallada en roca y que fue el segundo asentamiento más importante de la cultura nabatea después de Petra. Un lugar considerado como único en el mundo!

Esta ciudad abandonada es el segundo lugar arqueológico más grande e importante dejado por los nabateos, aunque curiosamente Mada’in Saleh no recibe más de 15 mil visitas anuales. Al no ser un lugar relacionado con el islam, no causa mucho interés entre los saudíes, pero aún así fue el primer lugar del país en ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, en 2008. 


Y la escasez de gente que lo frecuenta termina siendo toda una ventaja: los pocos que tienen la suerte de llegar hasta ahí pueden presenciar los palacios y gigantescos templos tallados de hasta 16 metros de altura.

Según los estudios arqueológicos, las inscripciones más antiguas encontradas en Mada’in Saleh datan del segundo milenio antes de Cristo y están escritas en arameo. Sin embargo, el resto de los vestigios arquitectónicos pertenecen al período de dominación de la cultura thamud (pueblo mencionado en el Corán) y la nabatea, entre el primer milenio antes de Cristo y el siglo II d. de C. La ciudad fue algo así como la capital nabatea del sur, mientras que Petra lo fue del norte.


Los nabateos, pueblo comerciante que distribuyó incienso, mirra y especias en toda Arabia y Mesopotamia, con los beneficios conseguidos del constante comercio comenzaron a construir (o más bien dicho tallar) los imponentes monumentos que emergen de la roca sólida aquí, en Mada’in Saleh.

Las Piedras y el Corán ...

Del período de esplendor de la ciudad, hoy es posible contemplar 111 templos funerarios, 94 de ellos decorados, así como obras hidráulicas, murallones, escalinatas, columnas y torres. Incluso, presenta una grieta natural entre las rocas igual que Petra, aunque de un tamaño más pequeño.

Los musulmanes tienen su propia historia acerca de Mada’in Saleh. Hasta hace poco su visita era mal vista dentro de la sociedad saudí, ya que muchos consideraban al lugar “maldito”. En el Corán se relata que esta zona, nombrada como Al-Hijr, estaba habitada por los thamud, quienes se desviaron del camino de Dios al comenzar a esculpir la roca y al adorar a otras deidades. Para hacerlos regresar al camino de la virtud, Alá envió al profeta Saleh. 


Los thamud no creyeron mucho en este enviado divino y le pidieron una prueba milagrosa para demostrar que decía la verdad. ¿Cuál? Hacer aparecer un camello hembra de entre las rocas. Y el profeta invocó a Alá y no solo apareció el camello, sino que el animal fue capaz de beber agua y producir leche para todo el pueblo. Sin embargo, los thamud siguieron adorando a sus dioses, trataron de matar al camello y al propio Saleh. Alá, enfurecido por la reacción, envió un terremoto para acabar con la ciudad.

Más adelante, en el Corán se menciona que, en uno de sus numerosos viajes, el profeta Muhammad se detuvo a descansar en los restos de Mada’in Saleh y dijo que todo musulmán que entrara a la ciudad debería recapacitar acerca de las acciones del antiguo pueblo para no volver a caer en los mismos errores. Pero la visión algo negativa del mundo musulmán ha ayudado a mantener los restos de la urbe de piedra casi intactos. De hecho, se encuentra en mejores condiciones de conservación que Petra. 


Algunas de las tumbas de Mada’in Saleh quedaron sin terminar gracias a ello se evidencia que la talla de las distintas tumbas comenzaba de arriba abajo. Se conservan 94 tumbas con fachadas decoradas, 35 cámaras funerarias y más de 1000 tumbas no monumentales.


Las tumbas tienen una estructura característica con una única entrada muy marcada y con una gran masa sólida sobre ella. Una elaborada ornamentación refleja las condiciones de sus propietarios y que toma prestados elementos estilísticos de los Asirios, así como de los Fenicios , también de Egipto y de la Alejandría helenística, combinada con elementos característicos propios. Estas tumbas están realizadas aprovechando unas formaciones de piedra arenisca. La arenisca es una roca sedimentaria compuesta por masas consolidadas de arena depositada por el movimiento del agua o por el viento.


La constitución química de la piedra arenisca es la misma que la de arena, la roca es un compuesto esencialmente de cuarzo. El material que une los granos de arena se compone generalmente de sílice, carbonato de calcio u óxido de hierro y el color de la roca está determinado en gran medida por el material de unión provocando los óxidos de hierro una arenisca de color rojo o marrón rojizo. Esta arenisca es muy fácil de trabajar, es por ello por lo que resultaba muy interesante el proceder al vaciado (como en el caso de Petra) para poder realizar construcciones.


Por lo general las tumbas eran para varios miembros de la familia, excavando en la roca los nichos en los que se depositaban los féretros. El corte resultaba fácil y se conservan , especialmente en los espacios interiores, las huellas de las herramientas que muestran la forma en la que se procedía a eliminar la piedra sobrante mediante picados próximos.


La zona de viviendas, construidas principalmente con adobe, estaba situada en el centro de la llanura, lejos de las zonas de enterramiento. Las murallas que rodeaban la zona residencial son evidentes a partir de las fotografías aéreas tomadas en 1978 y de las imágenes de satélite.


Nelson Glueck (1900-1971) arqueólogo estadounidense, fue uno de los primeros en escribir sobre los logros de los nabateos “Ellos fueron uno de los pueblos más dotados de la historia”, escribió en 196. “El suyo era un historial de logros notables, que se extiende desde el comercio hasta la agricultura, de la ingeniería a la arquitectura y el arte. Hay pruebas abundantes de sus “prodigios de la agricultura imaginativa así como de la utilización magistral de los escasos recursos hídricos. 


Los nabateos eran expertos ingenieros hidráulicos, y sus habilidades en la construcción de pozos, cisternas, surcos y acueductos les permitió desarrollar la agricultura así como desarrollar prácticas de conservación del terreno. En Mada’in Saleh se conocen unos 130 pozos y se canalizaba las pocas lluvias a cisternas excavadas en la piedra arenisca.


Pero no es el único lugar increíble a tener en cuenta; a sólo 22 kilómetros de Mada´in Saleh está Al-Ola, situada en la antigua ruta del incienso. La ciudad fue la capital de Lihyan, un antiguo reino árabe. Es el hogar de unos restos arqueológicos que datan de miles de años, incluyendo su ciudadela que tiene unos 8.000 años de antigüedad.

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