Los continentes perdidos ... Leyenda, realidad?



Las leyendas humanas mencionan a menudo hechos extraños ocurridos en lugares extraños. Para muchos, es suficiente decir que sólo se trata de fantasías. Para otros, detrás de las leyendas más delirantes puede esconderse una realidad que desafía a nuestra inteligencia y capacidad de averiguar las verdades más allá de la superstición o de la deformación de datos por el paso de los siglos.

Entre las leyendas más arcaicas de la humanidad están las de los Continentes Perdidos, que refieren cataclismos espantosos y el aniquilamiento de razas completas que fueron humanas o "humanoides" y desarrollaron civilizaciones avanzadas.

La más famosa de las leyendas sobre este tema es la de la mítica Atlántida...

Aunque las raíces de esta leyenda arrancan del antiguo Egipto, llegaron a nosotros a través del gran filósofo Platón, el Ateniense.

Algunos místicos de la antigüedad afirman que la humanidad ya existía antes de aparecer sobre el universo físico, en un mundo sin tiempo. Y el mundo material sería un reflejo de otro mundo en un entorno espacio-temporal.

En la puerta del templo de Sais, en Egipto, bajo la estatua de Palas se halla la siguiente inscripción: “Soy todo lo que es, lo que ha sido y lo que será y ningún mortal ha levantado todavía mi velo”. Es el velo de Isis, que representa el umbral que hay que atravesar para conocer la totalidad.


Y se afirma que una civilización descendida de las estrellas habría visitado nuestro planeta hace miles de años, cambiando para siempre la historia de la Tierra.

Hiperbórea

También ha llegado hasta nosotros, a través de los antiguos griegos y romanos la información sobre otra isla legendaria: Hiperbórea, la Patria de seres tan hermosos, sensitivos e inteligentes, que apenas se creyera que fuesen humanos. Incluso se creía que estos seres eran inmortales.

Las tradiciones son mencionadas por los griegos Heródoto y Diodoro, y los romanos Virgilio y Plinio. Cuentan que muy al Norte, más allá de donde nace el viento norte o Bóreas, existió una isla maravillosa rodeada por altísimas montañas de hielo.

Dicen que los habitantes de Hiperbórea eran seres de blancura de nácar, casi translúcidos, y en particular sus mujeres eran de una belleza y un ingenio por encima de lo humano.

La luz del sol reverbereaba en los acantilados vertiginosos de hielo cristalino. Según Virgilio, los pocos navegantes que alguna vez alcanzaron sus proximidades vieron aquella tierra bendita rodeada de un halo de luz indescriptible, tan arrobadoramente bella, que cayeron de rodillas cantando plegarias a los dioses.




A pesar de estar rodeada de nieves eternas, el sol que reflejaban los ventisqueros calentaba la atmósfera y la tierra. Como si fueran espejos cóncavos, los hielos concentraban el poder vivificador de los rayos solares. Así, en Hiperbórea el clima era paradisíaco, semi tropical, y cada palmo de tierra era un vergel.

Sin embargo, nadie pudo llegar en verdad hasta el interior de ese edén, pues se encontraba por completo aislado por las escarpas infranqueables de hielo.

Pero ... llegó un día en que los polos cambiaron de lugar, y la maravillosa Hiperbórea se hizo inhabitable, quedando completamente cubierta por glaciares. Muy pocos salvaron la vida, principalmente hubo sobrevivientes mujeres, que lograron huir por un supuesto pasaje secreto, un túnel, que llegaba hasta el sur de la actual Alemania.

Se dice que los Hiperbóreos se mezclaron con los humanos comunes, dando vástagos de gran belleza y dotados de poderes sobrenaturales como la precognición o adivinación del futuro, y una inteligencia brillante.


Dice Diodoro que el Maestro que inició a Pitágoras en los misterios y en las matemáticas, Ferécides de Siros, habría descendido de hiperbóreos.

Incluso Friedrich Nietzsche, uno de los filósofos que más influyó en la exaltación de la raza aria y en el nazismo, dijo lo siguiente: “Mirémonos de frente. Nosotros somos hiperbóreos, –sabemos muy bien cuan aparte vivimos. Ni por tierra ni por mar encontrarás el camino que conduce a los hiperbóreos; ya Píndaro supo esto de nosotros. Más allá del norte, del hielo, de la muerte –nuestra vida, nuestra felicidad… Nosotros hemos descubierto la felicidad, nosotros sabemos el camino, nosotros encontramos la salida de milenios enteros de laberinto”.

La tradición aria indica que esta morada de los dioses se hallaba en el extremo septentrional. Y esta patria polar fue “una enorme isla de Hielo rodeada de altas montañas transparentes como el diamante”. Hiperbórea no habría sido, sin embargo, glacial: “en el interior del país reinaba un dulce calor en el que se aclimataba perfectamente una vegetación verdeante. Las mujeres eran de una belleza indescriptible. Las que habían nacido en quinto lugar en cada familia poseían extraordinarios dones de clarividencia”.




Los habitantes de Hiperbórea son descritos en el “Libro de Enoc”de la siguiente forma : “Su carne era blanca como la nieve y roja como la flor de la rosa; sus cabellos eran blancos como la lana; y sus ojos eran hermosos”... Y continúa diciendo que en Thule, la capital de Hiperbórea, “vivían los sabios y los doce miembros de la Suprema Iniciación …


Otras tierras legendarias, perdidas en lo profundo de los mares o transformadas en desiertos irreconocibles, son el Continente de Mu. El continente o Gran Isla de Hiva, la Tierra de Gond o Gondwana, la Lemuria ...

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